Episodio 17: Especial de Verano II – Misterios y Terrores Marinos

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Lo prometido es deuda y volvemos a abrir las puertas del confesionario para el segundo especial del verano, una auténtica carga de profundidad para los que estáis disfrutando de la playa tranquilamente. Avisados quedáis puesto que nos vamos a sumergir en el profundo mar azul para hacer frente a sus secretos, misterios y, claro está, terrores. Además en la sección de Pecados Basados en Hechos Reales tendremos un monográfico especial sobre tiburones. Comprueba tu bombona de aire y nos vemos abajo.

  • Libro: La Llamada de Cthulhu de H.P. Lovecraft
  • Peli: The Abyss de James Cameron
  • Pecados Digitales Basados en Hechos Reales by Pedro Aniorte: Open Water, The Reef, Tiburón.
  • Serie: SeaQuest
  • Tema musical: Opening Title de la Banda Sonora de Jaws por John Williams
  • Pecador Digital Invitado: Santiago Jarabo
  • Vídeo Juego: Bioshock de Irrational Games
  • Herramienta Digital: Responsinator
  • Profesional Digital Recomendado: Rocío García Algora
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Dentro la transcripción:

[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

Bienvenido/ bienvenida, pecador/pecadora digital a este tu podcast dominguero semanal, con recomendaciones frikulturales y de marketing digital.

Soy Iñaki Tovar, soy CEO en la agencia SEO Webpositer. Sabes que mi pasión es compartir estas pequeñas recomendaciones frikulturales (como digo yo) de pelis, de series, de juegos, de temas musicales, de libros que me han impactado, que me molan mucho por algún motivo y por eso quiero compartirlo con vosotros. También, debido a mi profesión (que me dedico al marketing digital) también os comparto, de paso, una herramienta de marketing digital que use en mi día a día y que piense que os puede aportar, a todos aquellos que os interese el mundo del marketing online.

Así mismo, os presento también en cada programa a algún profesional digital con el que trabaje, he trabajado y he colaborado, y que crea que es también un buen aporte y un buen descubrimiento.

Bien, seguimos cumpliendo promesas. Os dije que en agosto tendríamos un especial de verano. En julio tuvimos el especial monográfico de Stephen King, que sé que os ha gustado mucho (lleva ya prácticamente 5 mil descargas ese programa, así que es uno de los más escuchados), y espero que éste os guste todavía más.

¿De qué va el especial de hoy que ha preparado nuestro gran amigo y colaborador pecador Pedro Aniorte? Pues hoy va de terrores marinos, terrores y misterios marinos. Vamos a tener esa sección, como os comentaba, con Pedro de «Pecados Digitales Basados en Hechos Reales» con un monográfico específico sobre tiburones (que ya sabéis que es uno de esos grandes terrores que habitan los mares).

Sin duda, si te gusta el género de los escualos, esto no te lo puedes perder, porque se te van a quitar las ganas de bañarte en una temporada.

En fin, el mar y sus misterios insondables, esos abismos oscuros y profundos, llenos de enigmas, de horrores cósmicos innombrables, de extraterrestres, de lo que queramos. El mar está claro que alberga un montón de secretos, y hoy vamos a repasarlos a través de eso, de la frikultura: de esas pelis, de esas series, de esos libros y de esos hechos reales también (que, como os comentaba, os hemos preparado en el podcast para hoy).

Ya sabes que tú también puedes confesarte aquí cuando quieras, tienes tu espacio como pecador digital. Solamente tienes que seguir el #pecadoresdigitales, o mi cuenta de Twitter @seomental, la web seomental.com o cualquier plataforma de podcasting donde estamos (Ivoox, Spotify, donde quieras estamos).

Así que sin más, y si te atreves, empezamos con la inmersión a ese profundo abismo oscuro.

[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales es tu podcast semanal con recomendaciones frikulturales y de marketing digital. Cada domingo, a la sagrada hora de la santa siesta, descubre un libro, una peli, una serie, un videojuego, un tema musical, una herramienta de marketing online y un profesional digital. Suscríbete y peca con nosotros.

«Yo nunca voy a dormir tranquilo de nuevo cuando piense en los horrores que acechan sin cesar detrás de la vida, en el tiempo y en el espacio, y en esas blasfemias impías de los antiguos estelares que sueñan bajo el mar, conocidos y favorecidos por un culto de pesadilla, listo y deseoso de lanzarse sobre el mundo cuando un nuevo terremoto saque su monstruosa ciudad de piedra de nuevo al sol y el aire«.

Esto es «La llamada de Cthulhu», de H.P Lovecraft.

Howard Phillips Lovecraft, menudo autorazo que os traigo hoy aquí el programa. Me extraña que no haya salido todavía nada específico suyo, con lo que ha inspirado todas las obras frikulturales posteriores (tanto en cine, como en televisión, como en series). 

Ahora mismo está precisamente de moda, porque hay una serie que se acaba de estrenar en HBO que se llama «Territorio Lovecraft» y que tiene pintaza, ya vendrá por aquí cuando la vean. También hay una peli recientemente estrenada, protagonizada por Nicolas Cage que se llama «Color Out Of Space» y que también tiene pintaza. Todo eso inspirado, como os digo, por el universo de esos mitos de Cthulhu o de Chulú, como lo queráis pronunciar. Porque la verdad es que está hecho a propósito, el propio Lovecraft escribió como 25 maneras distintas de escribir o de pronunciar el nombre, porque no está ese nombre pensado para que lo pueda pronunciar el ser humano.

Bien, ¿pues de qué va esto de «La llamada de Cthulhu», que publicó  H.P Lovecraft en 1926? Bueno, pues va de horror cósmico, ese género del que fue el creador, que tantos buenos momentos nos ha traído después a los demás. Horror cósmico podría ser aquellos secretos que el hombre no está destinado a saber porque nos destrozaría el corazón y la mente por ese terror de lo innombrable.

En este caso, el terror lo trae del espacio. Son seres que traen capitaneados por este Cthulhu, que llevan viviendo en el planeta tierra desde hace millones y millones de años, mucho antes de que nosotros estuviésemos aquí, y que por tanto el planeta le pertenece a ellos. Su nuevo hogar es el fondo del océano, y sectas y cultos los veneran por todo el planeta esperando esa venida, ese terremoto (como os comentaba en la cita anterior) que abra la tierra y haga que salgan.

Yo conocí todo el universo de Lovecraft gracias a los juegos de rol con mis compis de la mata, que ya han pasado varios por aquí. La mata que es nuestro lugar de veraneo, pues ahí, en esas tardes de verano, nos tirábamos horas y horas jugando a rol con el típico juego de «El Señor de los Anillos» (que es como el más famoso). Pero también había una versión de juego de rol de «Los mitos de Cthulhu», de «La llamada de Cthulhu». Era brutal porque era totalmente diferente a los mundos de fantasía que estábamos acostumbrados (los crípticos, las hachas y la magia de los magos). Aquí se sustituía todo por esa imaginería lovecraftiana, y que tan marcada está hoy en día en cine y televisión.


Si pensáis en monstruos, es verdad que muchas veces estáis pensando en tentáculos. Bueno, en el propio «Señor de los Anillos», la criatura del pantano, de la laguna negra a las puertas de las Minas Tirith. Los pulpos y todas esas cosas viscosas, sin forma y terroríficamente aplastadas bajo el mar, con ojos oscuros o sin ellos. Realmente da mucho miedo.

Esa imaginería de terror lovecraftiana sustituye todo a lo que estamos acostumbrados, de casquería. Digamos hueso, sangre y tripas lo sustituye por masas informes, viscosas, deformes que se mueven, que se retuercen, que van hacia ti y, lo que es peor, que te conocen, se meten en tu mente y en tu corazón. Ese es el tipo de influencia lovecraftiana, y es realmente aterradora.


¿De qué va, en general, «La llamada de Cthulhu»? Pues este primer libro (que da paso, como os digo a «Los mitos de Cthulhu») va de una investigación policial, de un asesinato de un profesor que deja unas notas tras de sí, una extraña figura representando un monstruo antropomórfico (el llamado «Cthulhu») con cabeza pulposa, tentáculos, cuerpo escamado, garras en manos y pies brutalmente asesinas, y unas alas estrechas y murcielagosas pegadas a la espalda. Además, de proporciones bíblicas.

Supuestamente este Cthulhu viviría bajo el mar, en la ciudad sumergida de R’lyeh. Por eso hoy os estoy trayendo como el libro, en este especial de «Misterios y Terrores Marinos», a Lovecraft y su Cthulhu, porque H. P Lovecraft relacionaba y hacía una dualidad (una especie de paralelismo) entre las dimensiones de lo que sería el espacio profundo (que es de donde vienen estos seres) y su espejo en la tierra, que sería la profundidad de nuestros océanos, que es su nuevo hábitat, donde ellos aguardan pacientemente el momento de retomar el control de lo que les pertenece por derecho. Esas sectas (que, como os digo, pueblan la tierra) ya se encargarán de ello.

Así que, lo dicho, os recomiendo que os adentréis en ese azul, verde, gris, blanco o negro, tranquilo, agitado o montañoso: ese océano que nunca está en silencio, como decía el propio Lovecraft. «La llamada de Cthulhu», todo tuyo.

[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

[Suena película]

– Han fracasado todos los intentos para celebrar una cumbre de jefes de estado.

– El incremento de tanques y aviones soviéticos…

– Que todos los ciudadanos cancelen los viajes que no sean estrictamente necesarios.

– Hace unos momentos, lo que los rusos han denominado «ataque injustificado».

– La guardia nacional ha sido movilizada y se ha hecho un llamamiento a todos los voluntarios de defensa civil.

¿Veis nuestra televisión? ¿Es lo que queréis decirme? ¿Que sabéis lo que está pasando allá arriba?

– Según nos informan, han sido detectadas hace 15 minutos turbulencias en todos los océanos del planeta.

– Son ondas de choque acústicas, como tsunamis, pero sin origen sismológico aparente. Las olas estás propagándose hacia las zonas costeras de todos los continentes.

-Doctor Red, por favor, díganos qué está pasando, por favor.

– Joven, escuche. No sabemos qué está pasando, no tenemos la menor idea. Lo siento.

«The Abyss», de James Cameron, 1989. Qué peliculón. Madre mía, qué peliculón, cómo me ha impactado a mí, cómo me ha influenciado. Este es el motivo por el que hago este podcast: por traeros joyitas como estas. Si alguno de verdad no la ha visto todavía, espero convenceros, a lo largo de los próximos minutos, de que es algo imprescindible que debéis hacer hoy mismo, ya, sin falta.

Si ya la habéis visto, como yo, un montón de veces, pues siempre es un buen momento para re-visitarla y descubrir nuevos detalles, nuevos matices, nuevas curiosidades que también espero traerte aquí, ahora.

Es que James Cameron es uno de mis directores de cine favoritos de todos los tiempos. O sea, no puedo pensar en una película suya que no haya marcado la diferencia, que no me haya flipado absolutamente.

Es que estamos hablando, ojo, del director de «Terminator» (o sea, de «Terminator II», sobre todo, el juicio final), estamos hablando del director de «Aliens». Por favor, son todas películas que tienen que venir por aquí. Estamos hablando del director de «Titanic», del director de «Avatar», incluso el director de «Mentiras arriesgadas». Sí, es que todo lo que toca James Cameron lo convierte en oro.

Sin duda, es uno de los «rey Midas» del cine. Prepotente y con algunas nociones megalómanas, pero no deja de ser un genio visionario que cada vez que hace una peli parte el bacalao. Inventa, innova (o sea, literalmente innova).

Para «Titanic», por ejemplo, tuvo que inventar submarinos, lentes especiales, drones específicos, entre otras cosas. Para «Avatar» inventó el 3D, literalmente (el 3D bien hecho, como lo conocemos hoy en día en los cines no; sino el 3D auténtico), y para «Abyss» también inventó cosas, ahora se los contaré. Este hombre no para, es una mente inquieta y además siempre ha estado muy obsesionado con el océano (para bien, y por fortuna para nosotros).

De hecho, incluso ha llegado a rodar documentales específicamente debajo del mar, de las criaturas que lo pueblan. Uno es «Fantasmas del Abismo», tiene un documental específico solo del Titanic (que no es de la película, es un documental real de lo que se encontró ahí debajo), y tiene otro de él como pionero bajando batiscafo especial a la Fosa de la Marianas, a más de 11 mil metros (él solo, simplemente para tocar el fondo, poder decir que había estado y experimentar esa sensación). O sea, fijaos hasta qué punto es un obsesionado del mar y del agua.

En esta peli, «The Abyss», se explora el concepto de los alienígenas, de los extraterrestres también debajo del mar (como os comentaba antes) de Lovecraft; pero aquí es de una manera mucho más amable, de hecho, por estos maravillosos compases que podéis oír de la banda sonora. Aunque la peli realmente tiene momentos de tensión máxima y de drama máxima. No podemos decir que es una peli de terror, es una peli de ciencia ficción de las buenas, pero con unas dosis de thriller y de acción llevadas a cotas innombrables, de lo buenas que son.

James Cameron no fue el primero en inventarse la idea de alienígenas debajo del mar. H. G. Wells también tenía un relato llamado «Into the Abyss» que ya exploraba esto. Pero bueno, digamos que la idea primigenia para desarrollar esta peli le vino a James Cameron de los experimentos reales del científico Johannes Kylstra, que experimentaba con fluorocarbono oxigenado, que es un líquido con el cual se llenan los pulmones y puedes respirar.

Seguro que muchos os estáis acordando de la escena de la rata en la película. Esa rata blanca, preciosa, que en un momento dado sumergen durante la peli en un líquido rosáceo, y podemos ver de verdad, en tiempo real, cómo a la rata se le llenan los pulmones de ese fluorocarbono oxigenado y comienza a respirar. Según nos explican en la peli, porque de esa manera el cuerpo humano (en este caso) podía resistir mucho mejor las altas presiones de debajo del mar.

Esa escena no son efectos especiales, es real. Fue supervisada por el mismísimo Johannes Kylstra que os comentaba, que se lo trajo James Cameron para el rodaje.

En contra de lo que piensan muchos, la rata no murió. Se usaron 5 ratas distintas. Obviamente las sometieron a mucho estrés, eso está claro, no fue una experiencia de gusto de nada. Pero, como os contaré ahora, es que los actores para esta película también fueron sometidos a unas cotas de estrés nunca vistas hasta la fecha en una peli.

[Suena película]

– Me estoy helando.

– Toma.

– ¿Qué?

– Ponte esto.

– ¡No, no! ¿Qué haces? ¿Te has vuelto loco?

– No discutas conmigo, así que póntelo.

– No, Bud, no es una opción, así que olvídalo.

– Lis, cállate, ¡cállate y ponte esto!

– ¡Sé lógico una sola vez, escucha!

– ¡A la mierda la lógica!

– Escúchame un segundo. Tú tienes el traje puesto y nadas mucho mejor que yo, ¿verdad?

– Sí, es posible.

– Tengo un plan.

– ¿Qué plan?

– Me ahogo y me arrastras a la plataforma.

– ¡No, no!

– Sí. El agua está a dos grados sobre cero. Sufriré una hipotermia… mi sangre se congelará. Todos los sistemas se ralentizarán, no se detendrán.

– Lis…

– Tú me arrastras. Puedes revivirme dentro de 10 o 15 minutos. Es la única forma.

– ¡Ponte esto!

– ¡Póntelo, por favor! Es la única solución. Por favor. Sabes que tengo razón. Tienes aparatos para hacerlo. Póntelo, por favor.

Esta es una de las grandísimas escenas que tiene la peli, que tiene muchas. No os voy a hacer spoilers, para aquellos afortunados de vosotros que todavía no la habéis visto. Digo «afortunados» porque ahora tienen la oportunidad de verla por primera vez. No os va a decepcionar en cuanto a factura técnica, eso es a lo que James Cameron mejor se le da. De hecho, la peli se llevó el Oscar a los mejores efectos especiales y tres nominaciones técnicas más, hasta Steven Spielberg la estuvo estudiando antes de ponerse a hacer «Parque Jurásico», como ejemplo. Ya os digo que James Cameron marca tendencia.

Como os estaba comentando, los actores fueron sometidos a mucho estrés. En esta escena que os estaba comentado ahora, hay un pequeño batiscafo hundiéndose y hay que tomar una decisión. Es una escena que, los que la habéis visto, sabéis que es dramática memorable, con unas gotas de tensión muy grandes.

Como esta escena del submarino, hay varias más. Está la escena de los primeros compases de la peli.

Por cierto, todavía no os he dicho de qué va el argumento. Pero básicamente estamos hablando de una plataforma, la Deepcore, una plataforma minera que está en las profundidades del océano, al borde de una fosa abisal. Bueno, pues el protagonista es Ed Harris y la co-protagonista es Elizabeth Mastrantonio, grandísimos los dos en esta peli.

Bueno, pues están haciendo una serie de operaciones de rescate porque un submarino ruso ha sido hundido por un objeto (en este caso volador no), un objeto submarino no identificado. Claro, es un submarino ruso nuclear.

Hay un ambiente de guerra fría en la superficie, con los dos grandes bandos a punto de liarse ya a mandar misiles nucleares, y este incidente del submarino nuclear es de vital importancia, el averiguar qué ha pasado y recuperar esas cabezas nucleares. Pero todo se complica, como suele pasar.

Llega una súper tormenta, que digamos que los va a dejar incomunicados. Además, a raíz de esa tormenta viene otra de esas grandes escenas de acción y thriller, que es el momento del accidente y de la caída de la grúa que sostiene a la plataforma en el fondo del mar. De verdad una escena que te deja con los pelos de punta, porque te crees, en la atmósfera opresiva de esa estación submarina bajo presión, te la crees en todo momento. ¿Por qué? Porque es que los actores estaban realmente bajo el agua y bajo presión, en lo que fue el decorado de cine más grande, jamás construido hasta la fecha.

El bueno de James Cameron se fue nada más y nada menos que a buscar un reactor nuclear en Carolina del Sur, a medio terminar de construir. Eso vio que le daba la cavidad que debía albergar al reactor (que era inmensamente grande), convenció al estudio para comprarla y convertirla en su set de rodaje. ¿Cómo? Pues primero obviamente construyendo todo ese Deepcore, esa escena submarina, y luego rellenándola de agua, con agua que obviamente tenía que estar súper oxigenada con cloro (para estar libre de virus y de bacterias, porque se iba a estar rodando mucho tiempo). De hecho, estaba tan súper oxigenada que los actores y parte del equipo sufrieron quemaduras durante el rodaje.

Luego, para conseguir ese efecto de oscuridad, toda la superficie de ese tanque de agua, una vez fue llenado, fue cubierto con bolas negras de poliespan (un montón de perlas negras que flotaban). Una capa de esa cubrió todo el tanque con el objetivo de que apenas se dejase filtrar la luz de arriba y conseguir ese ambiente realmente oscuro.

Aparte, el agua estaba fría. Tenía que estar constantemente caliente.

Más del 40% de la peli se rodó bajo el agua. No existía un equipo de buceo lo suficientemente avanzado tecnológicamente para los que James Cameron quería hacer, que era ver los rostros de los actores, obviamente para capturar expresiones y dramatizaciones. Además, con micros intercomunicadores.

Entonces, cuando no existe algo, James Cameron lo inventa. Así que su equipo y él mismo desarrollaron esas escafandras tan chulas, tan futuristas y tan prácticas que podéis ver en la peli. Lo que pasa es que, eso, realmente apenas había especialistas, los famosos stone de Hollywood. O sea  que prácticamente los actores hacían ellos sus planos.

Esto se llevó a extremos en los cuales el propio Ed Harris estuvo a punto de ahogarse en una ocasión y lo pasó realmente mal. De hecho, él nunca ha querido volver a hablar de la peli, más allá de dentro de lo que es el documental de cómo se hizo que, por supuesto, recomiendo que veáis. De hecho, si podéis ver el cómo se hizo después de la peli, os va a encantar, porque vais a atar muchos cabos.

Ed Harris seguramente lo hizo por contrato, porque él acabó muy quemado con la peli, igual que casi todo el mundo que estuvo por allí. Elizabeth Mastrantonio dijo «mira, Abyss ha sido muchas cosas; pero desde luego divertida no es una de ellas» porque realmente fue una tortura. O sea, muchas situaciones críticas, y eso que estaban rodeados constantemente de personal especializado; pero ellos mismos se tuvieron que obligar a certificarse como buzos especialistas, ensañando durante 5 meses en las Bahamas (ensañando, practicando, quiero decir).

Bueno, imaginaos: mucha, mucha presión. Escenarios que se auto-inundaban solos de maneras brutales. La primera película es usas Photoshop, para que os hagáis una idea. La primera película en usar una escena de CGI (es decir, «efectos especiales por ordenador») a nivel foto-realista, con esa escena tan maravillosa del gusano de agua (que seguro que los que la habéis visto la estáis recordando, porque es una especie de ícono de la peli).

[Suena película]

– Espera, está bien.

– ¿Será posible que tú le gustas?

– Intenta comunicarse. Es Bud. Es maravilloso.

– Soy yo. No, no, no.

– No pasa nada.

– ¿Qué es? ¿Tiene vida?

– Lissi, no.

– Agua de mar.

– Agua.

Como os decía, memorable escena para todos los que amamos la buena ciencia ficción. Aunque, no os dejéis engañar por la magia y amabilidad de este clic que acabáis de escuchar. Porque obviamente aunque la película tiene varios de esos momentos, incluso tiene su significado moralista, ecologista, de comunión entre la humanidad. La peli, desde luego, está muy equilibrada en ese sentido; pero, como os decía antes, van a haber escenas duras, dramáticas.

Una de ellas, sin duda, yo creo que mi favorita de toda la película, es cuando a Ed Harris hacia el final (ya os digo, sin haceros spoilers), pues le toca… Os he dicho que esa Deepcore está al lado de un abismo, pues, bueno, en determinado momento le va a tocar a Ed Harris ponerse el traje, llenarse los pulmones de ese líquido que os he dicho antes y saltar a ese abismo. Es lo que creo que le da el título a esta peli.

Salta al abismo él solo, y ves cómo se va fundiendo en la oscuridad con una tímida e inocente bengala que lleva en la mano. Empieza a descender sabiendo que seguramente es un viaje solo de ida.

El objetivo, como siempre, va a ser salvar al mundo. Eso que os quede claro; pero hasta aquí mi lectura del argumento. Simplemente deciros, eso sí, recomendaros encarecidamente, que la versión que tenéis que ver, por favor, es la versión extendida. Como suelen hacer los estudios, la versión cinematográfica fue duramente recortada para que comercialmente fuese más viable. La versión extendida dura dos horas y meda, algo así, y contiene prácticamente casi media hora de metraje extra, que le da un nuevo significado sobre todo a la parte final de la peli, y al significado de todo.

Si queréis realmente llevaros la experiencia completa, pensada por James Cameron, tenéis que ver la versión extendida, por favor.

En fin, espero haberte convencido, o para verla por primera vez, o para re-visitarla ahora de nuevo con estos detalles nuevos que te he dado a conocer. «The Abyss», de James Cameron, que la disfrutes.

[Voz de mujer] Tú también puedes ser un pecador digital. Sigue el #pecadoresdigitales y mándanos tus confesiones a través de la cuenta de Twitter @seomental, de la web seomental.com o de la plataforma de podcasting que prefieras: Ivoox, Spotify, ITunes. Donde quieras, pecamos. Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.


[Voz de mujer] Pecados digitales basados en hechos reales. Descubre con Pedro Aniorte cómo la realidad supera a la ficción.

Bueno, pecadores y pecadoras, empezamos esa sección que os he comentado al principio: esa nueva sección de «Pecados Digitales Basados En Hechos Reales». Ya lo sabéis, presentada por mi gran amigo y pecador Pedro Aniorte.


Además, hoy súper especial y súper veraniega, porque va a la cosa de terreros y misterios marinos. Un mundo, un universo en realidad, que a mí personalmente me apasiona; pero es que a Pedro le apasiona aún más, por múltiples razones que vais a ir viendo a lo largo de esta sección.


Cuando las secciones se hacen con pasión, eso se contagia. Y lo que esperamos contagiaros hoy es terror a las profundidades marinas, o por lo menos respeto.


Así que, Pedro, bienvenido a los 7 Pecados Digitales otra vez.


[Inicia sección de Pecados Digitales Basados en Hechos Reales]


– Pedro Aniorte: Hola, Iñaki, muchas gracias de nuevo por esa invitación. Pues sí, como prometimos en ese primer especial de verano de Los 7 Pecados Digitales, aquí estamos de nuevo.


Déjame decirte que para esta segunda entrega, mi querido compañero de inmersión, ya nos estamos preparando para subir a bordo de nuestro antiguo batiscafo. Porque hoy nuestra sección basada en hechos reales se va a convertir en un monográfico donde nos sumergiremos en las profundidades del océano, para encontrarnos con uno de esos terrores más atávicos para la especie humana.


Es un terror compartido por la gran mayoría de nosotros, algo grabado en nuestro ADN y una pesadilla recurrente para muchos. Y que refleja nuestra sensación de extrema vulnerabilidad cuando nos adentramos mar adentro.


Hoy, amigos, tendremos que templar los nervios y mostrar sangre fría, ya que hoy, ni más ni menos, os vamos a proponer nadar entre tiburones.


– Iñaki Tovar: Bueno, pecadores, pues parece que ya hemos tocado fondo en esa llanura abisal de las profundidades, con ese batiscafo que comenta el amigo Pedro. ¿Qué nos vamos a encontrar aquí? Ese terror atávico que comentaba Pedro, y que ya os ha adelantado que tiene que ver con tiburones, con el amigo escualo que tantas pesadillas ha cuajado verano tras verano, ¿verdad?


Vamos a empezar con un corte sugerente, a ver si sabéis de qué peli se trata.


[Suena tráiler de película]

– Hay personas que se van de vacaciones y se pasan los días tumbadas. Esta es la historia que contaremos el resto de nuestras vidas.

– Daniel, ¿dónde está el barco?

– Buena pregunta.

– ¡Estamos perdidos en medio del océano! ¡Dios mío!

– Tranquila, tranquila.

– ¡Esto no nos está ocurriendo!

– ¡Susan! ¡Susaaaan!

– ¡Dios mío! ¡Hay algo que se está frotando contra mi pie! ¿Estás bien? Todo se arreglará. Cálmate, cálmate. Todo irá bien.

Bueno, pues, si acaso no has deducido de qué peli se trata, te lo digo yo. La peli es «Open Water», y el terror máximo. De hecho, os tengo que contar… Ya os dije que Pedro es un poco la influencia cultural de la pandi y nos grababa pelis, programas de Milenio 3. Y es una de las pelis que me grabó Pedro hace tiempo (fijaos, hace muchos años), me la daba en un DVD pirata (sí, lo reconozco, en aquellos tiempos pirateaba pelis, fijaos cómo ha cambiado la vida).

Pedro me dio en aquella vez un DVD escrito, caligrafiado a mano por su hábil mano artística (porque Pedro, además, es un ilustrador muy bueno) y con una tipografía ahí terrorífica me ponía «Open Water», y me hacía un dibujito del mar y de unas aletas de tiburones. Me dijo, «Iñaki, esta peli es la leche. Con esto vas a sufrir de un miedo tal…«.

Claro, me convenció tanto que yo hasta la semana pasada no había visto «Open Water», porque Pedro me había convencido de que con esa peli yo la iba a pasar mal, viendo a tiburones devorar a gente. Entonces, realmente me convencí. No la vi por miedo, por la misma razón por la que no he visto «El Exorcista». Últimamente no me gusta. O sea, hay pelis que no te gusta ver solo, ¿verdad? Por aquí pasarán algunas de esas que, Pedro, seguro que comentaremos más adelante.

Así que, fijaos, para que os hagáis una idea del respeto que le he tenido yo a esta peli, pero que, bueno, con el objeto de preparar el programa, finalmente la he visto. Es decir que me ha encantado, y vamos a zambullirnos en esos detalles, en esos hechos reales, los que Pedro ha buceado por nosotros para sacarnos aquí lo mejor.

Venga, Pedro, dentro tú.

– Pedro Aniorte: Pues sí, así es Iñaki. La verdad es que ha sido una sorpresa para mí el saber que tenías guardado en el cajón de los secretos que aquel DVD que te pasé no lo habías llegado a ver. La verdad es que ha sido una sorpresa.

Bueno, de todas maneras, esta va a ser la primera película que traemos a la sección en el día de hoy, «Open Water». Y me gustaría proponeros un pequeño ejercicio de imaginación.

Nos vamos a enfundar en un traje de neopreno, nos colocamos las aletas, las gafas y nos ajustamos el chaleco de buceo. Ahora que ya hemos pasado un maravilloso rato bajo el agua y estamos flotando en la superficie junto a nuestra pareja de buceo, nos percatamos de que no hay rastro del barco que nos ha traído hasta aquí, y que nos encontramos a 40 millas de la costa, en la más absoluta soledad.

Esta es la premisa de la que parte «Open Water», dirigida por Chris Kentis y estrenada en 2003. El director era un gran aficionado al buceo recreativo, leyó un artículo en una revista de buceo que causó cierto revuelo en Australia y en el mundo del submarinismo. Iba sobre la desaparición de una pareja de buceadores, y decidió llevarlo a la gran pantalla.


La historia que nos trae es la del matrimonio Lonergan: Ellem y Tom. Ellen y Tom son (aunque, desgraciadamente debemos decir «eran») una pareja de profesores estadounidenses que, después de haber pasado los tres últimos años de su vida ejerciendo un voluntariado dedicado a la docencia en las islas de Tuvalu y Fiyi, pues deciden emprender un viaje alrededor del mundo antes de volver a casa, a Luisiana.

Deciden que para su primera parada iban a visitar uno de sus grandes sitios especiales de buceo, que es en Australia y en este caso la Gran Barrera de Coral.


En verdad, he de decir que la película es una recreación un tanto laxa y con bastantes licencias por parte del director de lo que es la historia real de la pareja. Pero no cabe duda que muchos de los pasajes que nos presenta en el film ocurrieron en realidad.

Si bien es cierto, el final de la película es pura especulación, ya que los cuerpos (os lo tengo que comentar) nunca fueron encontrados. Además, no hubo testigos que pudieran relatar lo acontecido.

Sin embargo, Iñaki, un poco más adelante si te parece vamos a comentar unas enigmáticas pinceladas de la vida personal de los protagonistas y el halo de misterio en el que se vio envuelto ese trágico desenlace.

– Iñaki Tovar: Sí, porque yo he oído, Pedro, he oído rumores desde suicidios a muertes fingidas, simuladas. Incluso que sí que se llegó a encontrar, no cuerpos, pero algún vestigio de mensaje que parece ser que dejaron escrito en las aguas. Algo de eso hay.

– Pedro Aniorte: Efectivamente, estás en lo cierto. Ahora, si quieres, lo vamos a ir desgranando poquito a poco.

Mira, vamos a sumergirnos ya en lo que es la historia.

Todo comenzó el 25 de enero del 98, cuando la pareja sube a bordo, junto con 24 buceadores más, a un barco de la empresa Outer Edge Dive, que los llevaría a pasar una jornada de submarinismo a uno de los enclaves más impresionantes de la gran barrera de coral australiana.

Pero, desgraciadamente para los Lonergan, hubo dos hechos que cambiaron trágicamente lo que es el destino de sus vidas. El primero es que hubo un fallo en el recuento de pasajeros. Unas fuentes nos dicen que el matrimonio se lanzó al agua nada más llegar al punto de inmersión antes de que se realizara el contaje. Y otras fuentes nos cuentan que una pareja que ya estaba en el barco abandonó la embarcación justo cuando zarpaban para quedarse nadando cerca de la costa y eso dio lugar a una confusión a la hora de contar por parte de la tripulación. 

Eso por un lado, como decíamos. Pero por otro, cuando llegaron al lugar de la inmersión, al propio fondeo, los Lonergan lo que hicieron fue hacer la inmersión por su cuenta, sin seguir al dive master, que es en realidad el guía de la inmersión. Aunque fueran buceadores experimentados (que lo eran, sobre todo ella, Ellen), en raras ocasiones se puede hacer algo así si no conoces la zona donde vas a bucear.

El resultado de la suma de estos dos hechos pues fue que el matrimonio se distrajo y emergió un poco más tarde que el resto de los buceadores. La tripulación pensó que ya estaba todo el mundo a bordo y puso rumbo a puerto sin ellos.

– Iñaki Tovar: Fíjate, Pedro, que esa escena, todo ese preámbulo a que se queden tirados o colgados en aguas abiertas, que parece que puede ser aburrido, en realidad estás como espectador en tensión (por lo menos yo lo estaba). Claro, sabiendo previamente de qué va la peli, estás esperando «ay, por favor, que se van a quedar colgados«, «pero, chico, cuéntalos bien, joder, que se van a quedar de verdad solos«.

Es una sensación de angustia de saber lo que está a punto de pasarles, que de alguna manera estás deseando verlos subir a bordo; pero, claro, entonces no había película, no tendríamos historia.

– Pedro Aniorte: Pues sí, la verdad es que así. Además que es uno de esos miedos que los que practicamos el submarinismo siempre tenemos en la cabeza. Aparte de muchas otras cosas que tenemos que llevar en mente justo cuando estamos debajo del agua por nuestra seguridad. Pero, ¿qué pasa si nos embarcamos en uno de estos viajes recreativos en alguna parte del mundo y por lo que sea no estamos con nuestra gente de confianza, y resulta que cuando subimos estamos totalmente perdidos y en un sitio que no conocemos? Realmente eso es angustioso.

Pues bueno, siguiente un poco con la historia, Iñaki, si te parece, los Lonergan al principio estaban incrédulos y convencidos de que alguien iba a volver a recogerlos o que pasaría algún otro barco cerca. Pero en realidad ven cómo van pasando las horas en total soledad.

Entonces, se encuentran sin agua, sin comida, el día va avanzando y poco a poco empiezan a aparecer en escena ellos, los tan temidos tiburones. Primero uno…

– Iñaki Tovar: Espera, espera, Pedro. Antes de que me presentes al antagonista de este especial, a los tiburones, o sea, ¿qué pasa? Tú, como bien has dicho, eres submarinista experimentado, que es una pasión que te gusta mucho y lo estás haciendo últimamente bastante. ¿Hay algún manual con directrices de cómo sobrevivir en aguas abiertas durante un tiempo, si te encuentras en una situación similar?, dónde mirar, cómo guiarte, qué hacer, qué no hacer. O sea, ¿hay una guía de supervivencia para hombres varados en el mar?

– Pedro Aniorte: Pues mira, Iñaki, te comento. Lo que nos enseñan a nosotros es que, efectivamente, cuando tú haces una inmersión y terminas tu parada de seguridad para regresar a la superficie, si cuando llegas a la superficie ves que el barco que te ha traído hasta allí no está, debes quedarte en el lugar donde has emergido (en el lugar que estaba planeado que tú hicieras, pues eso, la salida a la superficie). ¿Por qué? Porque se puede dar la circunstancia en la que el barco haya tenido que auxiliar a algún otro submarinista de otro grupo, o bien que haya tenido algún tipo de problema el barco.

Entonces, si ese barco vuelve a tierra por lo que sea, siempre o bien volverá o bien avisará a alguien para que vuelva a por los submarinistas que estaban haciendo la inmersión. Eso por un lado.

También cabe la posibilidad de que se encuentre tierra cerca y tú nadando puedas aproximarte hasta tierra y ponerte a salvo.

Esas son las dos máximas prioridades que tú tienes que tener, y son las premisas de las que tienes que partir, en este caso, para estar seguro cuando tú emerges después de una inmersión.

– Iñaki Tovar: Vale. Ok. Pues está bien saberlo. Pues nada, paso al escualo.

– Pedro Aniorte: Pues bueno, como os decía, aparecen en escena los tiburones. Primero aparece uno, luego aparece otro y poco a poco comienzan a verse rodeados por sombras que los asechan y se acercan más y más.

Va cayendo la noche, y con ella llegan el cansancio y la incertidumbre. El miedo se va apoderando de ellos, pero parece que consiguen dormir y sobreviven esa noche. Pero, amigos, la tan temida compañía vuelve a hacer acto de presencia; sin embargo, el desenlace esta vez iba a ser bien diferente para ellos.

Pues, amigos, si nos basamos en la investigación que se llevó a cabo, sabemos que el barco llegó a puerto. Una vez todo el mundo había desembarcado un integrante de la tripulación encontró un par de bolsas de buceo con algunos objetos personales bajo uno de los asientos. Asumió que alguien las había olvidado, y que volverían a por ellas.

Sí que he de deciros que los Lonergan habían contratado un servicio de lanzadera de autobús para que los llevara desde el hotel hacia el puerto y, cuando hubieran terminado su jornada de inmersiones, los llevara de vuelta al hotel. Pero al no aparecer a la vuelta, el conductor del autobús llamó a la empresa de buceo informando de que no habían subido al vehículo.

Pero fijaos, eso en realidad no hizo saltar las alarmas en un principio, ya que el encargado del barco notificó que habían vuelto todos y supusieron que habían regresado al hotel de alguna otra manera.

Tras dos días, nadie había vuelto al puerto a reclamar esas bolsas de buceo y ya curioso, es verdad, el tripulante de aquel barco que los llevó a bucear pues abrió una de esas bolsas y encontró la cartera con la documentación de Tom. Seguidamente, llamaron al hotel y les confirmaron que no habían vuelto.

Tras más de 48 desde la inmersión del matrimonio, la policía los dio por desaparecidos y comenzó una semana frenética de búsqueda por aire y por mar. Sin ningún resultado.

Concluyeron, entonces, pues que abrían muerto ahogados o, lo que es peor (y nos detalla la película), algo que cabía dentro de las posibilidades según experimentados buzos consultados, terminarían devorados por tiburones tigre. Una de las más feroces especies de tiburón, y bastante frecuentes en aquella zona de la Gran Barrera de Coral Australiana.

– Iñaki Tovar: Pero fíjate, Pedro… Bueno, tú lo conoces, aparte por tu profesión de veterinario. Conoces el comportamiento genérico (supuestamente genérico) de los tiburones. En la peli te lo dicen al principio, como para quitarte ansiedad. Va de que los tiburones rara vez o casi nunca atacan a los humanos, tienen poco interés en nosotros. Sin embargo, el mundo está repleto de historias que nos dicen lo contrario. 

– Pedro Aniorte: Pues sí, Iñaki, eso es así; pero yo creo que en gran medida todas estas películas le han hecho un flaco a favor a lo que es la especie, porque realmente nosotros no somos su presa. Los ataques de tiburón son muy esporádicos, muy esporádicos.

La posibilidad de que a ti te ataque un tiburón es infinitamente remota, mucho más baja que cualquier otra cosa que se te pudiera pasar por la cabeza. Incluso más remota, casi, a que te cayese un rayo, o que pudieras morir picado por avispas. Fíjate, cosa tan extraña, pero es así de cierto.

– Iñaki Tovar: Bueno, pero si vas navegando por aguas Australianas o buceando, digamos que eso incrementa tus posibilidades, vamos, inevitablemente.

– Pedro Aniorte: Hombre, claro. Tú piensa una cosa, el hecho de que estés en un sitio, en un hábitat, donde la densidad de población sea más elevada y estos tiburones vean un par de cuerpos flotando, que normalmente con el neopreno negro y esa silueta que nosotros podemos tener desde abajo parecemos leones o focas marinas.

– Iñaki Tovar: Foquitas [risas].

– Pedro Aniorte: Claro, el error se puede llegar a cometer, y el error de un leve ataque de un tiburón simplemente por curiosidad para ver lo que es aquello que está flotando, pues para nosotros puede ser fatal.

– Iñaki Tovar: Fíjate, ese probar, ese «bocadito para probar», te voy a contar una anécdota que no sé si sabías de la peli (que yo también he hecho «deberes»). No sé si sabes que la actriz que hace de Susan, en primer lugar, le tenía pánico terrible de verdad a los tiburones. Cada día que se tenían que meter para grabar (que se tiraron 2 años y medio grabando) el director y varios compañeros se tenían que meter previamente para asegurarle a la actriz que estaba el agua despejada.

Es que en una de las primeras inmersiones, Pedro, le mordió, le dio un «bocadito», una barracuda. Una pequeña barracuda le dio un susto terrible. Luego eso lo aprovecharon en la película.

Si te acuerdas, hay una frase al principio, en las primeras horas cuando están en aguas abiertas, que ella dice «ay, algo me ha mordido la pierna» y el marido le dice «eso habrá sido una barracudita para probar a ver cómo sabías» en plan un poco todavía en todo de coña, porque todavía no se había desatado el mayor de los tiburones.

– Pedro Aniorte: No, no, la verdad es que no sabía esa anécdota. Pero bueno, bien traída, la verdad. Y sí, es cierto que el rodaje, como tú bien lo comentas, fue bien duro. También he podido investigar algo y fue bastante duro ese rodaje en medio de aguas australianas.

Bueno, pues, si te parece Iñaki, continuamos. Y aquí no acababa todo, ya que hay una serie de hechos (como te decía al principio) que íbamos a comentar sobre sus vidas personales que dan un pequeño giro a lo que es toda la trama de la película, y que nos dejan entrever que pudo haber varios finales alternativos.

Mira, en julio de ese mismo año (en julio del 98), en una playa a unos 100 kilómetros al norte de donde habían quedado abandonados ellos, un pescador aborigen encontró un chaleco de buceo y una botella de aire de Tom en perfecto estado, además. No había ninguna marca de dientes provocada por el ataque de los tiburones.

Además, entre el equipo de Tom se encontró una pizarra que utilizamos a veces los que, en este caso, practicamos el submarinismo para poder comunicarnos entre nosotros, donde se podía leer (además, de la propia caligrafía de Tom) lo siguiente: «6 de enero (es decir, al día siguiente de ser abandonados), 8 de la mañana, fuimos dejamos por el Outer Edge en el arrecife de Edging Card, por favor, que alguien venga a rescatarnos, vamos a morir«.

Según  esos indicios, parece claro que el matrimonio luchaba por su supervivencia, ¿verdad?, y que esperaban encontrar finalmente ayuda para acabar con esa pesadilla. Sin embargo, hay otras teorías, Iñaki, que apuntan hacia hipótesis completamente diferentes.

Mira, según parece, el día que quedaron abandonados el agua estaba totalmente transparente y además calmada. Tenían los chalecos de flotabilidad colocados y muy cerca de esa zona (como es una zona muy frecuentada para hacer submarinismo) había unas plataformas de buceo que además estaban bien iluminadas o bien señalizadas. Incluso, había una zona de coral que se elevaba por encima de la superficie y perfectamente podría haberles mantenido fuera del agua.

La gente entonces, los investigadores, se preguntó por qué una pareja en forma no nadó esa corta distancia para alcanzar esa zona y mantenerse a salvo. Incluso, por qué no avisaron a alguno de los barcos de pesca o de recreo que, según la investigación, pasaron por aquella zona.

Todo eso la verdad es que alimentó una teoría que apuntaba a una desaparición, quizás, programada, o incluso un suicidio. Sí, escuchad bien, digo «suicidio» porque eso fue lo que se llegó a barajar al investigar los documentos personales. Como el diario de Tom, en donde él mismo llega a escribir lo siguiente: «como un estudiante que acaba de terminar su examen, siento que mi vida está completa y que ya estoy listo para morir. De aquí en adelante, y según intuyo, mi vida irá de mal en peor. Siento que voy en picada hacia mi funeral«.

Además, dos días antes de estos hechos escribió también en su diario: «deseo una muerte rápida y, si es necesario, dolorosa, con tal que ocurra de una vez«.

– Iñaki Tovar: Sí, pero hombre, amigo, a mí no me cuadra, no me cuadra para nada. Hay manera incluso más rápidas, e incluso si quieres más dolorosas de morir. Pero desde luego lenta era porque, vamos, según los cálculos mínimo 2-3 días se tirarían ahí a la deriva siendo asechados, deshidratándose. No es para nada agradable ni, desde luego, rápido. No me parece. Yo, desde luego, la teoría del suicidio no me la traigo.

– Pedro Aniorte: Ya, pero es que ahora hay otro pequeño giro. Tú fíjate.

Ellen, la mujer, era consciente de esas tendencias suicidas y hasta ella misma escribió que podían estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Hasta se abrió la posibilidad, para los investigadores, de que Tom hubiera cometido un asesinato y posterior suicidio en el mar.

Claro. ¿Por qué? Porque esto, ya te digo, se produce por todas estas notas que se llegan a filtrar por parte de sus diarios. Entonces, hasta ese giro tan rocambolesco fue planteado dentro de los supuestos de la investigación. No obstante, nunca lo sabremos, Iñaki.

De todas maneras, te voy a decir una cosa más, fíjate. Según estado yo un poco documentándome, habría quizás hasta un último giro de todo esto. Porque el capitán de otro barco de buceadores aseguró que el día después de la desaparición de los Lonergan, cuando realizó el contaje de buceadores al acabar la inmersión, se dio cuenta de que el número en principio era superior al de personas que había contado en la salida. Además, era una inmersión donde todos los buceadores eran italianos y él, a la vuelta, llegó a escuchar algunas conversaciones en inglés (que era el idioma de esta pareja).

¿Podría entonces el matrimonio haber preparado su propia desaparición? Esa fue otra de las hipótesis que se llegó a plantear.

– Iñaki Tovar: Bien, pero me estás hablando de hipótesis. Al fin y al cabo de rumorología; pero hay un hecho. El hecho es que se encontró ese mensaje en la tableta de la pizarra de buceador, ¿no? Eso sí que es un hecho constatado. Si ese mensaje aparecía escrito, ¿tú que sugieres? ¿Podría ser parte del teatro, de ese montaje?

– Pedro Aniorte: Claro, podría ser para despistar y entonces realmente poder encubrir su propia desaparición porque no querían que nadie, al fin y al cabo, supiese dónde estaban. Podría ser, podría ser.

De hecho, fíjate, Iñaki, a raíz de este caso (que además ya tomó tintes serios en lo que era la prensa australiana), ya en 2002 (ya bastante más cerca en el tiempo) se llevan a cabo una serie de registros e investigaciones en empresas y centros de buceo de esta zona de Australia, que es Queensland. Concluyeron que esto que le pasó a los Lonergan ya había ocurrido en alguna que otra ocasión, y se habían dejado a buceadores abandonados. Algo que también ha ocurrido en otras partes del mundo.

– Iñaki Tovar: Seguramente por eso se instauró el protocolo de contar a los pasajeros. Estos protocolos siempre son una reacción, no una previsión.

– Pedro Aniorte: Pues ese protocolo de contar se queda antiguo con el actual protocolo. El actual protocolo en aquella zona es que, lo que hacen es, cuando cada uno de los buceadores va al agua, antes de hacerlo apunta su nombre en una lista, y cuando suben todos a bordo el encargado de la tripulación pasa lista (como si estuviéramos en el colegio). Y si alguien no contesta, pues no se abandona nunca la zona hasta encontrarlo y se solicita ayuda inmediatamente.

– Iñaki Tovar: Fíjate, qué tontería pero qué básico parece eso, qué fácil hubiese sido.

– Pedro Aniorte: Es cierto. Así que, bueno, como podéis ver, el amplio abanico de posibilidades para explicar el final de esta pareja, como digo, es bastante amplio y no ha quedado nada aclarado.

En este caso, ya os digo, la película explora una de esas posibilidades, quizás la más terrorífica (eso está claro). Además, con un presupuesto muy ajustado, la película consigue mantenernos aferrados al sillón en completa tensión en todo momento, y fácilmente consigue hacer que nos pongamos en la piel de estos dos protagonistas.

– Iñaki Tovar: Ya te digo, escucha.

– Pedro Aniorte: Ahora que ya conocéis esta… Dime, dime, perdona.

– Iñaki Tovar: Lo digo por lo de «presupuesto ajustado», que eran 130 mil dólares lo que costó la peli y se la compró a la productora de Lions Gate por 2,5 millones de dólares para estrenarla. O sea, más luego lo que recaudó. Imagínate el pelotazo que supuso la peli para el director.

– Pedro Aniorte: La verdad que sí, la verdad que sí. Así que, pues ahora, Iñaki, que ya conocemos un poco la historia real, yo creo que no tendremos que dudar en sumergirnos por un rato en esas aguas abiertas.

– Iñaki Tovar: Desde luego, y más ahora que no hace falta que un amigo, un buen amigo, te la ripee por ahí porque la tenéis disponible en Amazon Prime, y es muy fácil verla ahora mismo.

Pedro, te voy a sorprender yo con un dato que a lo mejor no conocías. ¿Sabes que «Open Water» hace un homenaje directo a la peli de «tiburón» (que luego en un ratito vamos a tener por aquí)?

– Pedro Aniorte: Sorpréndeme.

– Iñaki Tovar: Pues el homenaje directo es justo en esa escena que has comentado tú, que forma parte tanto de la narrativa de los hechos reales como de la propia película, que es ese momento en el que el patrón del barco encuentra las pertenencias de los dos buzos desaparecidos. Ese momento en el que tú bien has dicho que abre la bolsa y encuentra sus identificadores, sus carnets (digamos) de buceadores.

Entonces, se ve en pantalla el nombre de ambos, que el de ella es Watkins y de él Kintner, ¿De acuerdo? Los apellidos. Pues bien, Watkins y Kintner son respectivamente los apellidos de la primera víctima de la primera escena de tiburón, la chica famosa, y del niño que se come también en la película el tiburón.

Fíjate tú. Es un homenaje muy sutil, solo apto para frikis; pero por eso están aquí los pecadores escuchando este programa: para escuchar frikadas como esta [risas].

– Pedro Aniorte: Qué grande. Es verdad, la primera víctima que es aquella chica de la noche, ¿verdad?, cerca de aquella boya con la campana, y luego el niño con la colchoneta. Qué verdad, qué verdad, es cierto.

– Iñaki Tovar: Bueno, bueno, ahora después nos regocijaremos en esos detalles tan macabros. Amigo, pues oye, gran primera recomendación. Aún nos quedan dos, pecadores. Así que, no os apartéis, dadle al post un momento para tomar un respiro y continuemos con otra gran peli.

[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

[Suena película]

– No puedo creer que te ganes la vida navegando por todo el mundo entregando barcos. ¿A dónde vamos?

– Al arrecife de Sídney.

– ¿Qué hay allí?

– Ya lo verás. Hemos llegado.

– ¡Vaya!

– ¿Qué ha pasado? Hemos chocado con algo, el barco se hundirá. Por allí hay tierra y es a donde debemos ir.

– He pescado en estas aguas, sé lo que hay allí. No me meteré en el agua.

– Espero que no os equivoquéis.

– No eres la única.

– ¿Qué es eso?

– ¿El qué?

– Algo nos está siguiendo.

– Susy, me estás asustando.

– Es un tiburón, grande.

– ¡Aaaa!

– ¡A nadar, nadar!

– ¡Que alguien nos ayude!

– Iñaki Tovar: Bueno, pecadores y pecadoras, continuamos nadando entre tiburones. Si os ha parecido poco la experiencia de «Open Water», que era solo una pareja rodeada de múltiples amenazas, pues nada, vamos a invertirlo. ¿Qué os parece si invertimos la fórmula? Es múltiples personas, pero asechadas por un único depredador.

De eso se trata la peli de «The Reef», que es la siguiente película que va a traernos los hechos reales, Pedro Aniorte. Y que además la podéis encontrar, en este caso de «The Reef» la tenéis en Filmink, por si queréis ya echarle un vistazo de dónde verla en esta maravillosa tarde, siesta de domingo.

Pedro, vamos con «The Reef». «El Arrecife», ¿no?

– Pedro Aniorte: El arrecife, efectivamente. Mira, en esta ocasión, como tú bien has dicho, vamos a cambiar un día de submarinismo (como nos contaba «Open Water») por la propuesta que nos trae «The Reef», que no es otra que una jornada en un velero para dirigirnos hacia una solitaria isla rodeada de arrecifes, donde disfrutar de un placentero baño y un rato de snorkel.

El final, amigos, como podéis imaginar, sobre todo después de haber escuchado el corte de audio de la película, no va a ser este y se convertirá en toda una odisea por sobrevivir y escapar de las fauces de un gran tiburón blanco.

Puede que la propuesta que nos trae su director, Andrew Traucki, en esta cinta de 2010 no sea de lo más original. De hecho, todas las películas con este tipo de animales como protagonistas, pues se juegan toda una carta, que es la de explotar esa sensación de angustia, de tensión y de terror que se crea al intentar escapar de estos predadores. Pues, debemos decir que algunas, incluso con muy bajo presupuesto (como en el caso de «Open Water» o ésta de «The Reef»), pues llegan a conseguir el resultado de manera excepcional.

Sin embargo, muchas otras consiguen totalmente lo contrario, que es incluso desatar la carcajada por lo mal realizadas, los pésimos efectos especiales, o lo rocambolesco y bizarro de las historias que tratan de contarnos. Iñaki, yo no voy a dar nombres, de verdad, aunque a la cabeza me vienen unas cuantas.

– Iñaki Tovar: Yo sí, yo sí, no tengo vergüenza; pero sé que «Deep Blue Sea 3» me has dicho que no la vea ni de coña, por ejemplo.

– Pedro Aniorte: No malgastes tu tiempo.

– Iñaki Tovar: De acuerdo.

– Pedro Aniorte: Y la saga de «Sharknado» (venga, ya me tiras de la lengua), tampoco es algo en lo que pasaría mucho tiempo en el sofá, la verdad.

– Iñaki Tovar: Ay, Pedro, mira que me da rabia porque esto no deja de ser un podcast de recomendaciones frikulturales. Desde luego, me encantaría poder deciros «oye, vamos a hacer un especial Sharknado» porque, coño, es friki, es de tiburones, cuadraría perfectamente. Pero es que yo he intentado ver la primera parte de «Sharknado» y fijaos, yo que me trago cualquier pestiño de serie Z, pero es que no pude tragarme «Sharknado». No pude. No he podido avanzar en todas esas secuelas que hay y no sé, Pedro, a mí por lo menos no me ha hecho gracia y no he entrado al trapo de ese rollo.

– Pedro Aniorte: Iñaki, de verdad, eso es… Pues, bueno, no sé, tendrá su público y yo lo respeto, por supuesto.

– Iñaki Tovar: Sin duda lo tiene.

– Pedro Aniorte: Pero no seré yo el que siga ninguna de esta saga, sinceramente.

Bueno, vamos a retomar un poco la película que tenemos ahora entre manos. Afortunadamente, como decía antes, «The Reef» no es una de estas películas. No podemos asegurar tampoco que este thriller sea una obra maestra del terror acuático. Pero sí que debemos reconocerle algunos planos bien ejecutados y momentos de te tensión brillantes y bastante bien gestionados por parte del director, que hace que en mi opinión merezca la pena dedicarle un rato, sobre todo si sois amantes de este tipo de films o de estos increíbles animales.

Quizás para mí lo más llamativo a la hora de acercarse a este largometraje es la historia real que hay tras él y en la que está basado.

Mira, como os comentaba al principio, la película nos embarca en un velero que debe ser entregado a su propietario. Pero antes de proceder a esa entrega, el capitán y su ayudante, junto con 3 amigos que viajan desde Inglaterra a Australia para pasar las vacaciones, pues se desvían un poco de la ruta original y así podrán disfrutar de un día de velero de alta mar para visitar una pequeña isla paradisíaca.

Por desgracia, el barco enviste un arrecife abriendo una brecha en el casco que lo hace zozobrar y quedar bocabajo. Los cinco amigos suben a lo que es el casco del velero bocabajo, y deben entonces tomar la decisión de quedarse a esperar un posible rescate en un barco que en poco tiempo acabará hundiéndose, o bien aventurarse a nado en unas aguas no muy seguras a alcanzar una pequeña isla donde esperar ayuda fuera del agua.

Pues bien, 4 de ellos emprenden la travesía a nado, y en ellos se va a centrar la película, porque al otro (al que decide quedarse en el barco que se está hundiendo) pues la verdad es que no le hacen mucho caso en la peli. Solamente hay una pequeña mención al final de la misma.

– Iñaki Tovar: Sí, le sacan un plano asechado por el escualo en plan «oh, parece que algo se acerca a él» y ya. Te lo dejan a tu imaginación; pero la verdad es que tiene cara del típico pringado que muere en los 15 primeros minutos.

– Pedro Aniorte: Yo creo que en realidad, Iñaki, si tú diseccionas un poco a cada uno de los personajes de la película, sabes simplemente por los diálogos o por las caras cuál va a ser el orden en el cual van a ir desapareciendo, sinceramente.

– Iñaki Tovar: [Risas]. Es cierto Ya es defecto profesional, amigo mío, porque cuando has visto tantas pelis sabes perfectamente el rol que te desempeña cada personaje. Por eso de vez en cuando mola que te sorprendan con algo, pero aquí lo que nos sorprende desde luego no va a ser la interpretación, pero sí que hay cosas que nos van a sorprender. ¿Verdad, amigo?

– Pedro Aniorte: Sí, sí, es cierto. Mira, el metraje al final se centra en cómo el grupo de amigos intenta llegar a tierra firme, pues, con todos sus efectivos, con esos 4 que había emprendido esa marcha a nado, en una angustiosa carrera contra el más temido depredador del océano. Lamentablemente debo anticipar que, aunque no es difícil de suponer, no todos lo van a conseguir (eso está claro).

Pues ahora, ya que hemos hecho un poco esta introducción de lo que es la película, vamos ya con los hechos reales tal y como nos contó en una entrevista el protagonista de la historia, que es nada más y nada menos que Ray Boundy.

– Iñaki Tovar: O sea, ¿es un hombre el protagonista de la historia? ¿No como en la peli, que es una chica?

– Pedro Aniorte: Sí, hay unas ciertas licencias por parte del director, luego si quieres las comentamos. Pero sí, el protagonista es un chico, en este caso de 28 años, que el día 26 de julio del año 83 sale a navegar y a pescar junto con dos amigos, Dennis Murphy de 24 y Linda Ann Horton de 21.


Como tú comentabas ahora mismo, no eran cinco (como en el caso de la película), eran simplemente tres. Hay ciertas licencias que el director se toma muy probablemente para que haya un mayor número de personajes que puedan, en este caso, servir como carnada para el animal.

– Iñaki Tovar: Festín, festín para todos los sentidos.


– Pedro Aniorte: Efectivamente.


Bueno, como os decía, habían salido con su barco, el New Venture, a una zona que visitaban con bastante frecuencia para pescar, darse un baño, tomar el sol. Lo típico de la juventud. Pero al poco de llegar y echar el ancla notan que el agua está bastante revuelta, y en poco tiempo parece que la climatología de la zona da un cambio radical, por lo que deciden dar media vuelta y regresar.


El mar está bastante mal, tuvieron que enfrentarse a rachas de viento de unos 100 kilómetros por hora, lo que hizo que se les hiciera de noche en el camino de vuelta. En un momento dado, pues dos grandes oles en mitad de la noche sacuden el barco, de 14 metros, y lo hacen volcar en mitad de la noche (como decía).


En un instante, el barco queda bocabajo y Ray y sus dos amigos quedan a la deriva, pudiéndose agarrar a algunos restos del naufragio. El barco no estaría a flote por mucho tiempo, por lo que piensan que lo mejor es emprender rumbo a nada hacia el arrecife de Lodestone, que según Ray podía quedar a unos 8 kilómetros y era un lugar frecuentado por barcos pesqueros, con lo que las posibilidades de rescate eran elevadas.

Imaginaos ahora la situación de estos tres jóvenes. Tú imagínatelo, Iñaki, Imagináoslo, amigos, en la más completa oscuridad de la noche, en un mar embravecido, intentando llegar a nado a una zona segura en donde supuestamente podrían ser rescatados y sin poder ver absolutamente nada de lo que hay bajo sus pies.

Pues bien, así comenzaron su andadura. La comienzan lo más juntos posible, hasta que de repente uno de ellos se percata de un movimiento en el agua y reconocen, entre la poca luz, que se podría tratar de un tiburón tigre que, según los cálculos de Ray, podía estar alrededor de los 4 metros y medio y que probablemente había sido atraído por los restos de esa pesca que habían conseguido unos minutos antes de partir vuelta a casa.

Tras esos instantes de terror inicial, pues intentan mantener la calma y alejarse del lugar nadando de una manera lo más silenciosa posible.

– Iñaki Tovar: O sea, estamos hablando que un tiburón tigre, Pedro, no es un animal que vaya en manadas. O sea, es un animal solitario, un depredador solitario.

– Pedro Aniorte: Por lo general, los grandes tiburones normalmente son animales solitarios. Si bien es cierto, en diferentes partes del planeta se ha constatado eso. Incluso, por ejemplo, el tiburón blanco es un tiburón que siempre se ha pensado que es un tiburón solitario; pero hay partes del planeta, como por ejemplo Nueva Zelanda, donde se ha visto que incluso cazan en grupo.

Hay cierto orden jerárquico, hay cierta sensación de sociedad dentro de estos animales; pero en general, como te digo, los grandes tiburones predadores son animales más bien solitarios. Sí es cierto que hay otras especies más pequeñas, especies más de arrecifes, donde sí que se ven grandes comunidades de ellos, incluso el pez martillo, ¿de acuerdo?

Bueno, pues, como decíamos, en este caso se alejaron de este tiburón tigre en un primer momento; pero 10 minutos más tarde el tiburón vuelve y arremete contra el grupo mordiendo a Denis en la pierna y arrastrándolo hacia abajo varias veces. Cuando emerge, se dan cuenta de que le falta la parte inferior de la pierna y están rodeados de su propia sangre, por lo que el escualo no va a tardar de volver a por su presa.

– Iñaki Tovar: O sea, una vez que hay sangre en el agua, Pedro, esto no es un cliché. Cuando hay sangre en el agua, el tiburón se vuelve loco.

– Pedro Aniorte: Cuando hay sangre en el agua de la presa normalmente. Es decir, cuando ellos huelen que han causado una herida a un pez, a una foca marina o león marino, eso sí que es como un gatillazo, es un detonante para ellos. De hecho, son capaces de detectar una pequeña gota de sangre en millones de partículas de agua.

– Iñaki Tovar: ¿O sea que el olor de la sangre, aunque parezca lo contrario, se esparce fácilmente debajo del agua también?

– Pedro Aniorte: Sí para ellos, sí para ellos, ¿de acuerdo? Fíjate que se han hecho pruebas, porque he visto algún documental y se han hecho pruebas esparciendo sangre humana para ver si realmente atraía a los tiburones, y no ha sido el caso. No ha sido el caso. Son capaces de detectar la sangre de sus presas que son, como decíamos, grandes mamíferos.

– Iñaki Tovar: La tienen grabada en el ADN de siglos de evolución, ¿no? O de costumbre, más bien, porque el tiburón (corrígeme si me equivoco) es de los animales que menos ha evolucionado porque es supuestamente casi perfecto, evolutivamente hablando.

– Pedro Aniorte: Es una máquina perfecta, es un depredador realmente perfecto, con lo cual la evolución ha sido más bien escasa.

Bueno, pues vamos a continuar. Nos habíamos quedado con Denis, que había perdido esa parte de abajo de la pierna, y estaban rodeados en la propia sangre de, en este caso, del amigo de Ray.

En ese momento, Denis les dice a los otros que es consciente de que ha perdido la pierna y que no tiene salvación. Les convence de que, si el tiburón tenía puesta la atención en él, ellos tienen la oportunidad de escapar.

Así que, Ray y Linda comienzan a nadar siguiendo su consejo, dejando a su amigo a merced del tiburón.

– Iñaki Tovar: Ostras. Qué mal rollo recordar, pecadores y pecadoras, que estamos hablando del hecho real de la peli ahora mismo y es terrorífico.

– Pedro Aniorte: Claro, realmente. En la entrevista que da Ray después de ser rescatado, dice que realmente ellos escucharon muchos gritos, patadas y golpes en el agua hasta que vieron cómo el tiburón envestía violentamente contra Denis, sacando incluso el cuerpo de fuera del agua, para acabar de devorarlo en unos segundos. O sea, eso lo vieron ellos mismos. Eso es algo, realmente, una imagen dantesca y que queda grabada en la memoria de cualquiera, sinceramente.

– Iñaki Tovar: Yo solo vi lo que vi en la peli que, en realidad, como tú bien decías al principio, no se ve nada porque todo es sugerente. El director ya, primero por presupuesto y luego por creatividad, él defendía como las buenas pelis de monstruos que el monstruo no se debe ver (o cuanto menos se vea mejor), y cuanto más sugieras mejor. 

En realidad en la peli, Pedro, tú lo sabes, de gore hay cero. Apenas hay sangre en el agua y el actor que dice «dónde está mi pierna«, pero no la vez cortada. Te lo tienes que imaginar todo, y creo que eso es incluso peor.

– Pedro Aniorte: Sí, está claro que sugerir es muchísimo peor que realmente hacer visible todo este tipo de escenas que no es más que gore o carnaza. Es mucho más aterrador el hecho de poder sugerir la presencia del animal o del ataque del animal, como veremos más tarde en la típica película «Tiburón» de Spielberg, ¿verdad?

Bueno, pues, seguimos con esta historia real.

Después de este ataque y en pleno estado de shock totalmente, pues Ray Boundy y Linda siguen nadando durante un par de horas más. Recordemos que todavía era de noche, y se acercan un poquito más a ese arrecife donde, en principio, podrían ponerse a salvo.

Faltaban todavía dos horas para que amaneciera, por lo que seguían sin poder ver apenas nada de lo que les rodeaba. De repente, y salido de la nada, el tiburón aparece de nuevo, se lanza hacia Linda y cierra las fauces sobre la cintura de la chica, la zarandea violentamente hasta que consigue soltarla del agarre de Ray y desaparece bajo el agua con ella. Esa fue la última vez que Boundy vería a su amiga.

– Iñaki Tovar: O sea, literalmente la escena más dramática que te puedas imaginar, que eres tú sujetando la mano de tu amiga mientras al tiburón se le ven las fauces y te la arranca de tus propias manos. Nos pones los pelos de punta.

– Pedro Aniorte: Imagínate. Así fue tal y como lo relataba el protagonista.

Así que, pues Ray desesperado sigue con las pocas fuerzas que le quedan, sabiendo que en cualquier momento el verdugo de sus amigos puede aparecer de nuevo, y continúa nadando 5 horas más. Ya era de día, vislumbra el pequeño islote al que se había encaminado desde la noche anterior con los amigos, y en ese momento el tiburón aparece de nuevo para empezar a dibujar círculos alrededor de su presa.

Le ataca, le llega a atacar, pero a base de patadas pudo ahuyentar brevemente al animal, que se puso a zigzaguear tras él, mientras él seguía nadando hacia el islote. Cuando llegó, consiguió llegar a ese borde exterior del arrecife, el tiburón se volvió y desapareció.

Poco después, Boundy era rescatado por helicóptero de vigilancia y trasladado al hospital.

– Iñaki Tovar: Madre mía, amigo. Deja que te haga aquí dos incisos primero, de conocimiento popular, leyenda urbana o lo que quieras. Es cierto, sí o no, que… Si estás en el agua y no te queda de otra que defenderte de un ataque de un escualo, ¿es cierto que el morro de un tiburón es extremadamente sensible que una buena patada o un buen puñetazo en el morro del escualo le puede doler bastante y ahuyentarlo?

– Pedro Aniorte: Me estás poniendo a prueba como su fuera yo un científico especialista en estas cosas; pero sí. Por todo lo que he podido leer, Iñaki, es cierto. En lo que es la parte del morro del tiburón existen las denominadas «ampollas de Lorenzini».

– Iñaki Tovar: Y dice «no soy un experto» [risas]. Jamás en la vida había oído yo hablar de eso.

. Pedro Aniorte: Bueno, son unos órganos que tienen una especie de sustancia gelatinosa, que son capaces de detectar, igual que la línea lateral del tiburón y de muchos otros peces, vibraciones y campos electromagnéticos en este caso de sus presas. Es cierto que es una zona muy sensible, al igual que los ojos.

Bueno, si alguna vez os encontráis en una situación de apuro ante un tiburón y tenéis la sangre fría de acordaros de estas palabras, pues sí, intentad con lo que tengáis a mano darle en esa zona porque puede ser que os brinde alguna oportunidad de poder escapar.

– Iñaki Tovar: Bien, esa era mi primera duda, Pedro; pero la segunda es… Estamos hablando, en este caso, de un tiburón tigre de unos 4 metros y medio, según lo has contado tú. O sea, un tiburón de esa envergadura y en unas pocas horas que al final dura esta travesía, este sufrimiento, no fue suficiente con el primer cuerpo. O sea, una persona de 1 metro 80, 1 metro 70 que se comió. ¿Cómo puede comerse eso y volver a por otra (a por la chica en este caso), y después de eso incluso volver a por el tercer protagonista (que afortunadamente se salvó)? ¿Es que no se llena? ¿No tiene fin?

Tenía entendido que la digestión de un tiburón era muy lenta, y esto es algo recurrente en todas las pelis y en toda la imaginería de tiburones. Como que son insaciables.

– Pedro Aniorte: Bueno, sí, como tú dices, es un poco imaginaria, es un poco para vender el producto. Es cierto que lo que tú acabas de comentar es así, la digestión es muy lenta. Normalmente, cuando llenan su estómago, pues tienen para bastantes días e incluso semanas sin poder comer absolutamente nada. A mí también se me hace un poco extraño que pueda acabar con una persona.

También es verdad que muy probablemente todos estamos pensando que devora el cuerpo completo, y quizás no sea así, solamente ciertas partes del cuerpo. Con lo cual no son 70, 80, 90 kilos que se pueda meter, en este caso, el tiburón en el estómago; quizás sea solamente esas partes, a lo mejor la parte de abajo de la pierna.

Es un poco escabroso todo esto que estamos tratando, sinceramente; pero bueno, yo quiero ponerme un poco en esa situación.

– Iñaki Tovar: Última leyenda urbana sobre tiburones, porque no lo hemos comentado antes pero en «Open Water» hay una escena post-créditos (no sé si tú la llegaste a ver, Pedro), donde se caza un tiburón y se le abre (también se ve una escena similar en «Tiburón», la de Steven Spielberg que vamos a ver a continuación)


O sea, el estómago de un tiburón parece ser un baúl de las sorpresas, porque hay muchas leyendas urbanas de las cosas que se han llegado a encontrar dentro del estómago de un tiburón. En este caso, en «Open Water» es una cámara fotográfica (supuestamente la de la pareja), en «tiburón» es una matrícula de coche.


¿Te suene a ti o tienes más referencias de que realmente los tiburones son capaces de engullir cualquier cosa?


– Pedro Aniorte: Sí, bueno, son basureros, los llaman un poco… Hay alguna especie de tiburón que son los «basureros» del océano. De hecho, creo recordar alguna historia, ya no sé si verídica o no, que había algunas especies de tiburones que seguían a los grandes barcos (en este caso transatlánticos, grandes veleros, cruceros), que cuando eliminaban por la proa parte de los desperdicios que se generaban en el barco… Los tiburones conocían esas vibraciones de los barcos y los seguían porque probablemente allí habría comida para ellos.


Todos esos desperdicios al final acababan dentro de los estómagos de los tiburones, y se han podido encontrar, en necropsias que se han hecho a estos animales muertos, cosas de lo más inverosímil, sinceramente. Así que, sí, probablemente sí, podría decir que esa pregunta que lanzas que se ha encontrado todo tipo de cosas en los estómagos de los tiburones es así.

– Iñaki Tovar: Vaya. Bueno, curiosidades para todos los gustos. Pues nada, amigo, remata este «The Reef», que está siendo apasionante.

– Pedro Aniorte: Pues, mira, lo voy a rematar rápidamente con unas palabras del propio Boundy. Es que nos contaba, además desde la cama del hospital todavía, que cada día que pasada piensa en aquella pesadilla que duró 36 horas y de la cual solamente él acabó sobreviviendo.

Cuando Ray Boundy se enteró que iban a estrenar «The Reef», prefirió no hacer ningún comentario.

– Iñaki Tovar: No me extraña. Yo simplemente, para acabar, voy a hacer un comentario sobre lo que el director (que, por cierto, es australiano) decía algo de la peli. El director, por supuesto, es un forofo de la peli de «Tiburón» de Steven Spielberg y, por supuesto, también había visto «Open Water». Esta peli es del 2010, «Open Water» es del 2003.

Lo que venía a comentar el director era que los australianos nunca, hasta la fecha (hasta el 2010) habían realizado una película sobre tiburones por respeto a lo que para ellos consideran una figura cultural, una especie de embajador cultural, del país, de Australia. Entonces, nunca nadie se había atrevido a meterse en esa harina de «vamos a hacer una peli sobre tiburones malos» porque para ellos es una especie de animal, de poder, que respetan. Hasta que llegó este director para cambiarlo todo, y vaya que sí lo hizo.

Como os estaba diciendo, la vais a tener disponible en Filmink, si queréis echarle un vistazo. 


Pedro, no sé si tienes algún comentario final antes de pasar al plato fuerte de esta sección.


– Pedro Aniorte: Bueno hay, quizás, algunas rarezas o algunas cosas curiosas en cuanto a esta película. Como podéis ver, si os acercáis a la película, veis que en la historia real estábamos hablando que era el tiburón tigre. Bueno, pues el director en este caso lo cambia por una figura probablemente más aterradora, que es un tiburón blanco el que aparece en la película.

Bueno, ¿te acuerdas que hablamos de dificultades un poco a la hora de lo que era la filmación, ya que pasaron muchísimas horas en el mar? Pues, después de cada escena, tenían que abrigar a los actores con mantas térmicas para evitar incluso la hipotermia porque grababan 10 horas al día, 6 días a la semana. O sea…

– Iñaki Tovar: Me lo creo. De hecho, he visto el dato de que estuvieron hasta 120 horas sumergidos los actores, hasta 120 horas rodando la película (que eso es un disparate).

– Pedro Aniorte: Y ya por último, si queréis otra pequeña píldora y otra pequeña recomendación también de Andrew Traucki, que es el director, debéis saber que no es su primera película rodada basada en hechos reales, y eso seguro que tú tampoco lo sabías, Iñaki.

Su primera película, su opera prima, fue «Black Water». En este caso, era otro caso real pero no era un tiburón, sino un cocodrilo el que asechaba a un grupo de jóvenes en un pantano al Norte de Australia.

Así que, ahí os dejo esa nota, por si alguien quiere profundizar un poquito más en lo que es la filmografía de Andrew Traucki.

– Iñaki Tovar: Bueno, ya os digo que los cocodrilos tienen su propio universo de películas. De hecho, hace poco en España ha salido un festival que se llama «El Crocotón», que es un festival exclusivamente de películas de cocodrilos, porque tienen su propio público. Pedro, tú lo sabes, y hay verdaderas joyas ahí. Hay muchas frikadas, pero hay verdaderas joyas fantásticas que molan mucho. Bueno, seguramente tendrán su espacio aquí también, ¿verdad, amigo?

– Pedro Aniorte: Bueno, si quieres traerlas, ahí estaremos.

– Iñaki Tovar: Bueno, pues, vamos a recoger fuerzas, amigos, tomar aire. Abriros una Coca-Cola, una cervecita o lo que sea, porque ahora viene la parte más interesante de todo este monográfico de tiburones. Viene el tiburón originario, el tiburón de Steven Spielberg. ¿Estáis preparados?

[Voz de mujer] Pecados Digitales Basados en Hechos Reales. Descubre con Pedro Aniorte cómo la realidad supera a la ficción.


– Iñaki Tovar: Pues sí, ha llegado ese momento que estábamos esperando todos (yo también), que es el momento de destripar (nunca mejor dicho) o de desmembrar (como me decía Pedro hace un momento) la peli de las pelis cuando hablamos de tiburones: la peli de «Tiburón», de Steven Spielberg.

Estos acordes que estáis escuchando de fondo no necesitan presentación. Cuántas veces he dicho que el éxito o la mitad del éxito de una peli es su banda sonora, pues en este caso John Williams es que lo dio todo.

La peli se estrenó en 1975, pero John Williams, en 1976, en la ceremonia de los Oscars (que estaba John Williams ahí dirigiendo justamente este opening title, esta música tan característica de «Tiburón») lo llamaron porque resultaba que había ganado él el Oscar a la mejor banda sonora, y tuvo que dejar a la orquesta que siguiera tocando de fondo (que afortunadamente todos saben por dónde tiene que seguir la fiesta). Mientras él recogía el Oscar, la orquesta seguía tocando el tema, este emblemático tema que nos acompañará por el resto de nuestra vida de los openings titles de tiburón.

Sin duda, espero que no os quepa duda, hoy era un combo asegurado. O sea, tenemos la peli que es «Tiburón» y tenemos el tema musical, que es este tema introductorio de la banda sonora del maravilloso |. Ojalá que nos aguante muchos años, porque re-visitando y volviendo a ver la peli hace poco, justo ese apartado de la banda sonora no podía dejar de comentarlo con mi mujer, con Rut, de «joder, es qué buena sintonía todo, qué bien está ambientando la banda sonora«.

No solo el tema emblemático de miedo, de terror, de algo en crescendo (porque si hay una definición de in crescendo, lo da precisamente este tema: cómo poco a poco va subiendo de intensidad hasta aterrorizarte los huesos), no es solo esa parte la banda sonora. El resto de la banda sonora ambientando incluso los momentos más cómicos o más lúdicos y festín que tiene una peli. Es que está bien hecha, está bien traída, está retro-perfectamente incorporada a lo que es ese metraje.

Justo revisitando la peli en Netflix, creo que está, la primera parte. No, en Amazon Prime tenéis la primera parte de «Tiburón» y en Netflix tenéis la segunda y la tercera parte de «Tiburón», porque si quieres seguir indagando.

Simplemente una curiosidad más sobre la banda sonora es que precisamente Steven Spielberg, cuando John Williams le dijo «oye, Steven aquí está el tema que he preparado imaginándome toda la peli«, pues Steven Spielberg se quedó «joyón, ¿pero en serio esto va a ser? No lo termino de ver«. Al final, Steven Spielberg acabó reconociendo que la mitad del éxito de la peli o más fue debido a este pedazo de tema musical de John Williams.


Así que, todo nuestro reconocimiento para él y un paso de testigo perfecto para que Pedro pueda empezar a desgranaros esos hechos reales y esas sensaciones que le ha transmitido este peliculardo de todos los tiempos. Pedro.


– Pedro Aniorte: Pues mira, Iñaki, antes de empezar con los hechos reales de esta película, me gustaría dar una pequeña pincelada a lo que es esta banda sonora original de la película, porque realmente me parece algo portentoso. Es una maravilla.


Probablemente vais a estar casi todos de acuerdo conmigo cuando afirmo que dos notas de esta banda sonora son suficientes como para que avive en nosotros el más profundo de los terrores. Al igual que ocurre, quizás, con «Tubular Bells» de Mike Oldfield: son melodías unidas para siempre con imágenes e historias que de alguna manera nos llegan a tocar alguna fibra primitiva. Algo básico, algo visceral se despierta cuando escuchamos esa fantástica banda sonora que John Williams compuso para la película y que se ha convertido en uno de los temas cinematográficos más reconocidos de todos los tiempos.


Además, como tú bien dices, amigo (y además estoy totalmente de acuerdo contigo), no hay una buena película sin una magnífica banda sonora. Aquí podríamos tener uno de esos maravillosos ejemplos.


[Suena película]

– Todo es cuestión de psicología. Gritas «barracuda» y todo el mundo dice «bueno, ¿y qué?»; gritas «tiburón» y cunde el pánico y adiós temporada de verano.

– ¿Es cierto que los tiburones atacan con preferencia en aguas de un metro de profundidad y  a pocos metros de la playa?

– Sí.

– ¡Es un gran blanco! ¡Uno enorme! ¡Y cualquier experto en tiburones te dirá que es un devorador de hombres!

– Tendremos que cerrar las playas y contratar expertos que maten al tiburón.

– Es un mal bicho, pero tendrán la cabeza, la cola y el animal entero.

– Pedro Aniorte: Pues sí, Iñaki, puede que haya gente que lo ignore y piense que la película es una obra maestra creada de principio a fin en la mete de Steven Spielberg. No voy a ser yo el que le quite absolutamente nada de mérito al director; todo lo contrario, me parece una película sublime. Sin embargo, debemos saber que Spielberg tomó como guía la novela de Peter Benchley del mismo título en inglés («Jaws»). Además, se publicó justo un año antes de la película, en el 74.

A su vez, esta novela se basa en unos ataques de tiburón que se produjeron en la franja que va del 1 al 12 de julio de 1916 en las playas del estado de Nueva Jersey. Además, se da en una franja de costa de unos 100 kilómetros de extensión y al final acaba con la vida de cuatro personas, lo que desata el pánico en plena temporada estival.

– Iñaki Tovar: Ese es el germen, el hecho real que dio pie entonces, por un lado, a la novela, y la novela es lo que dio pie a la peli.

– Pedro Aniorte: Así es, justo como lo estás diciendo.

Fíjate, los dos primeros ataques se dieron con una diferencia de 5 días y distanciados unos 70 kilómetros el uno del otro. Además, fueron ataques muy parecidos y se recrean muy bien en la película, porque son exactamente iguales en la película.

Fueron dos ataques que afectaron a dos jóvenes, además cerca de la orilla (apenas a un metro y medio de profundidad, más o menos) y en ambos casos (en el primer caso en la película no, se toma una licencia Spielberg, pero en ambos casos en el hecho real) fueron ayudados a salir del agua, pero las heridas eran tan graves que ambos acaban muriendo al fin y al cabo.

En el New York Times empieza a hacerse ecos de los ataques después del segundo de ellos, y el asunto empieza a despertar interés a la vez que temor. Aunque, fíjate lo que voy a decir ahora, amigo, los alcaldes de la zona negaron lo que estaba pasando por el miedo de perder los ingresos de la temporada de balnearios. Pero finalmente acaban claudicando y buscan ayuda de los expertos. ¿Suena verdad lo que estoy comentando?

– Iñaki Tovar: Sí, algo, algo, el comité de expertos [risas].

– Pedro Aniorte: Imaginaos, se ve perfectamente en la película fielmente reflejado: hay un alcalde que intenta ocultar los primeros ataques de un gran tiburón en la preciosa isla Amity para que, bueno, no repercuta en la llegada de turistas. Mientras, el jefe Brody se apoya en Matt Hooper, que es el científico llegado de Nueva York que intenta descubrir qué tipo de tiburón está causando el pánico en la isla.


De hecho, hay un momento en la película en el que el científico y el jefe de la policía intentan convencer al político (en este caso al alcalde de Amity) de que debe cerrar las playas para evitar que ocurra lo mismo que en 1916. Eso se menciona en la película.


– Iñaki Tovar: O sea que están referenciando directamente ese hecho real en el que está basado el libro.


– Pedro Aniorte: Así es. ¿Has visto? Es un giro de lo más peculiar, ¿verdad? Pues así es.


Ya volviendo de nuevo otra vez a la historia real, el foco de los ataques, después de esos dos primeros que suceden en la costa, el foco cambia por completo y se trasladan al agua dulce del río Matawan.

– Iñaki Tovar: ¿Cómo? ¿Los tiburones pueden estar en agua dulce?


– Pedro Aniorte: Sabía que me lo ibas a preguntar, sabía que te ibas a sorprender. Bueno, déjame que continúe con el relato y ahora te explico un poco más.

Mira, el 12 de julio de ese 1916, a 16 kilómetros de la costa, un jubilado que estaba en un puente cerca del pueblo de Matawan (que recibe el nombre del mismo río) divisa a un enorme tiburón que se dirigía río arriba. Corre al pueblo para dar la voz de alarma y avisar al jefe de policía, pero nadie le cree, pensando que realmente era imposible ver a un tiburón en un río (justo lo que acabas de decir tú ahora).

Pues, ese mismo día un niño de 12 años que se bañaba en el río junto a un grupo de amigos desaparece repentinamente. En ese momento, los vecinos del pueblo se lanzan al río en la búsqueda; pero a poco de entrar en el río se vio a uno de esos voluntarios cómo intenta salir desesperadamente del agua. Cuando es ayudado a salir y llevado hasta la orilla, vieron cómo la parte inferior de su pierna está completamente mutilada. Muere poco después en el hospital.

– Iñaki Tovar: Ostras, que puede ser esa foto que vemos en la peli. En la película se enseñan algunas fotos de destrozos causados por escualos en plan documental, y me suena justo porque se me quedó. Son de esas imágenes que se quedan grabadas en la mente, de que se ve una foto de alguien que está vivo pero que ha sufrido un trauma severo en la pierna, y se ve perfectamente la circunferencia de la mordida de un gran escualo en su muslo (en su abductor, concretamente).

– Pedro Aniorte: Así es, en la parte superior de la pierna. Recuerdo perfectamente esa imagen, o esa sucesión de imágenes de fotos reales de ataques de tiburones. Son realmente impactantes.


No sé, sinceramente no te puedo decir si corresponde alguna de esas fotos al hecho que ahora mismo estamos comentando; pero sí que es cierto que esa parte de la película es realmente, como decíamos, impactante.


Bueno, pues, continuamos, Iñaki. En ese momento, el pueblo va a intentar poner fin de alguna manera a esos ataques y se lanza a la desesperada. Y esto también lo vamos a poder ver en la película; no en un río, sino en la costa. Pero se lanzan con cargas de dinamita, con escopetas, con arpones: todo lo que tienen a mano para dar caza al devorador de hombres.


De hecho, esto es real y es verídico, el alcalde de Matawan ofrece una recompensa de 100 dólares a quien sea capaz de dar muerte al escualo. Incluso, llegan a colocar una red de alambre en la desembocadura del río para evitar que el tiburón vuelva al mar.


Lo que ocurre dos días más tarde es que descubren que el animal había destrozado la red y que realmente había pasado y había vuelto al mar. Vuelve a causar el pánico en lo que son las poblaciones cercanas a la desembocadura y deja de nuevo todas las playas desiertas en plena temporada estival.


Sin embargo, ese mismo día que descubren que esa red, ese alambre, se había roto por parte del tiburón, un taxidermista que estaba pescando en las inmediaciones de la zona encuentra atrapada en sus redes de pesca a una hembra de tiburón blanco (de tiburón blanco, en este caso) de 2,7 metros, a la cual pudo dar muerte con los golpes de su remo, del remo que llevaba en la embarcación. ¿Cuál es la pregunta?: ¿sería ese el tiburón causante de todas las muertes?


Pues la respuesta podría ser que sí porque, igual que aparece en la película y que antes hemos comentado de necropsias en estos animales (cuando se encuentran muertos y se ve el contenido de sus estómagos)… Esto es duro lo que voy a decir, pero fue real. En su estómago se encontraron unos 7 kilos de carne y de huesos humanos, probablemente de las dos primeras víctimas.

Aunque también se cree que pudieron haber sido tiburones de varias especies, ya que (ahora viene la respuesta a la pregunta que tú me hacías) los tiburones blancos no soportan el agua dulce de los ríos. Sin embargo, los tiburones toro, que es una especie potencialmente peligrosa para el hombre, han sido avistados con mucha frecuencia remontando el curso de ríos, y allí se produjeron dos de los ataques.

Por lo tanto, puede ser que en este hecho real hubiese varias especies, o al menos dos especies, involucradas en estos ataques.

– Iñaki Tovar: Ostras, qué fuerte me parece a mí. O sea, el pez grande que se come al pez pequeño.

– Pedro Aniorte: Así es. No el pez grande que se come al pez pequeño, porque en realidad son dos especies bastantes… no quiero utilizar el término «agresivas», pero sí potencialmente peligrosas para nosotros. Y bueno, el tiburón toro es capaz de vivir en sus estuarios o en esa agua dulce, se ha visto en ríos y probablemente fuese uno de esta especie el que acabó con la vida de estos dos. Pero que se da justo en esa franja temporal en la que el tiburón blanco, por su parte, ataca cerca de la costa.

– Iñaki Tovar: Madre mía, pues ponen los pelos de punta, como siempre, los hechos reales en los que basa Pedro todo esto. Vamos a seguir profundizando porque esta peli aún da mucho más que decir.

[Suena película]

1100 hombres fueron a parar al agua. El barco se hundió en 2 minutos. No vi el primer tiburón hasta media hora después. Un tigre de cuatro metros, ¿usted sabe cómo se calcula esto estando en el agua? Usted dirá que mirando desde la dorsal hasta la cola. Nosotros no sabíamos nada.


Nuestra misión de la bomba se hizo tan en secreto que ni siquiera se radió una señal de naufragio. No se nos echó de menos hasta una semana después. Con las primeras luces del día, llegaron muchos tiburones, y nosotros fuimos formando grupos cerrados.

La idea era que cuando el tiburón se acercara a uno de nosotros éste empezara a gritar y a chapotear, y a veces el tiburón se iba; pero otras veces permanecía allí, y otras se quedaba mirándole a uno fijamente a los ojos. Una de sus características son sus ojos sin vida, de muñeca, ojos negros y quietos.


Cuando se acerca uno se diría que no tiene vida, hasta que le muerde. Esos pequeños ojos negros se vuelven blanco y entonces… entonces se oye un grito tremendo y espantoso. El agua se vuelve de color rojo y, a pesar del chapoteo y del griterío, vez cómo esas fieras se acercan y te van despedazando.


De aquellos 1100 hombres que cayeron al agua, solo quedamos 316. Al resto los devoraron los tiburones el 29 de junio de 1945.


– Iñaki Tovar: Bueno, qué maravillosa atmósfera, a la par que misteriosa, magnética y electrizante. Además, ya os digo que la tengo muy fresca porque, bueno, tanto Pedro como yo hemos revisitado esta peli para hacer este podcast. Además, gracias a la tecnología, totalmente restaurada en formato panorámico con un sonido de 5.1 Dolby Digital brutal.

La he disfrutado como un enano, y esta escena en concreto, aun siendo anticlimática en el sentido de que no contiene ataques de tiburones ni escenas de acción; pero contiene ese clímax atmosférico de 3 amigos, 3 hasta hace nada desconocidos en alta mar, solos, vulnerables, comentando los misterios de la mar, enseñándote si hay cicatrices. En fin, una escena de compadreo y de camaradería, y una calma antes de la tormenta que creo que sienta el tono para lo que está por venir de una manera absolutamente brutal. ¿Verdad, Pedro?


– Pedro Aniorte: Pues sí, Iñaki, así es. Además, ya hemos hablado un poquito también de ese trío de personajes. Por un lado el policía, el jefe de policía Martin Brody, por otro nuestro científico de cabecera Matt Hooper, y solamente nos queda hablar de Quint, nuestro particular cazador de tiburones.


– Iñaki Tovar: Sam Quint.


– Pedro Aniorte: Os tengo que decir, amigos, que Quint está basado también en un personaje real. Más bien sería en dos. Por un lado parece que se basaron en el pescador Frank Mundus, que consiguió el record en Block Island por pescar a caña el tiburón blanco más grande jamás cazado. Eso quizás en los titulares de la época impactó y quisieron llevarlo también a la película.


Pero es que, por otro lado, parece que Spielberg tomó como referencia a Craig kingsbury, que es un pescador local del enclave donde se rodó la película y, además, era un personaje excéntrico y peculiar. Además, tomaron frases suyas para incluirlas en el propio guión.


– Iñaki Tovar: Vaya, como los hermanos Coen, eso es lo que hacen los hermanos Coen con sus guiones.


– Pedro Aniorte: La mezcla de esos dos personajes fue lo que al final encarnó a Quint como nuestro gran cazador de tiburones.


Pues muy bien, amigo, mirad, el corte que acabamos de escuchar es la historia que Quint, con su áspera voz de lobo de mar, nos cuenta sobre el USS Indianápolis, que a su vez es también un hecho real. En esta ocasión, está enmarcado en la segunda guerra mundial.

El USS Indianápolis era un barco de guerra que tenía la misión de entregar en la isla de Tinián el núcleo de uranio 235 de las tristemente célebres bombas de Hiroshima y Nagasaki.


– Iñaki Tovar: Vaya misión más lamentable.


– Pedro Aniorte: Una vez se hizo la entrega de ese mortífero cargamento, volvería hacia el golfo de Leyte donde se reuniría con otras embarcaciones. Pero en el trayecto, no sé si el destino probablemente le guardaba ese final por lo que acababa de desembarcar, fue torpedeado por un submarino japonés y en la madrugada del 29 al 30 de julio de 1945 se hundiría, dejando a más de 1000 hombres en el agua, de los cuales quedarían vivos algo más de 300. El resto fue presa de los tiburones.


– Iñaki Tovar: Ostras. Pero es brutal este dato que me comentas, Pedro.


– Pedro Aniorte: Al igual que decíamos que tanto jefe Brody como nuestro científico Hooper intentaban convencer al alcalde que en 1916 ya habían pasado estos hechos, pues aquí nos traen otro hecho real. Spielberg nos lo mete con calzador también, pero es un hecho real.


Esta otra historia está, pues eso, totalmente bien documentada. Y si realmente tenéis la intención de adentraros un poquito más en ella, debéis saber que a su vez también hay una película titulada «USS Indianápolis: Hombre de Valor» que es del 2016, y tiene como protagonista a Nicolas Cage, No tiene muy buenas críticas, la verdad; pero ahí os la dejo por si queréis echarle un vistazo.


– Iñaki Tovar: No la he visto yo tampoco; pero, bueno, puede ser un buen momento este domingo, a esta sagrada hora de la santa siesta, para verse una peli también de Nicolas Cage. Nicolas Cage siempre es bienvenido en este programa, siempre lo será.


– Pedro Aniorte: Tenemos ya unas cuantas recomendaciones por hoy. Creo que la siesta se va a hacer larga hoy.


Bueno, yo, a modo un poco de colofón, pues quería deciros que, como tú bien has comentado, creo que la película ha envejecido a la perfección. Además, entiendo que la han re-masterizado y la fotografía ha ganado bastante.

Probablemente, y aunque en la actualidad digamos que los espectadores son menos impresionables por la situación de la saturación de imágenes o de textos más explícitos o con más carga violenta en la actualidad, el film para mi sigue siendo aterrador. Nos da una idea de esa fibra que toca al proyectaros ese miedo ancestral que llevamos grabado en nuestra neurona más primitiva, ¿verdad?

Yo dudo que alguien que no haya visto la película, no obstante en estos últimos días de verano y cuando seguramente aún nos queda algún chapuzón que darnos, creo que es un gran momento para disfrutar de este clásico atemporal.

Seguramente cuando la repaséis y tengáis en mente que esas dos primeras muertes fueron en realidad tal y como se cuentan en la película, o que tanto como la figura del alcalde escéptico empeñado en salvar la temporada de verano, el científico llamado para intentar esclarecer qué ocurre o el mítico cazador de tiburones aborde del Orca para dar caza al tiburón, son personajes que su base es totalmente real.

Si tú tienes en mente eso a la hora de sentarte a ver la película, quizás la puedas disfrutar aún más. Desde aquí, de verdad, mi recomendación más absoluta para que vuelvas a fascinarte y a volver a pasar un rato de tensión con esta maravilla que, por méritos propios, ha sido catalogada y preservada por ser una película cultura, histórica o estéticamente significante en el Registro Nacional de Cine de los Estados Unidos.

– Iñaki Tovar: Vamos a ver, es una fucking obra maestra, eso es indudable. Ya hemos comentado que fue el primer block baster del verano de la historia. Recaudó 100 millones de dólares. O sea, algo impensable para la época.

De hecho, Pedro, tú sabes que en la industria americana «Tiburón» no estaba prevista para estrenarse en verano, estaba prevista para estrenarse en navidades; pero por problemas de distribuciones y de historias no pudo hacerse hasta verano, que es cuando se reservaban las películas morrallosas  en plan «bueno, en verano está todo el mundo veraneando, como mucho los cines de verano«. Pero fue disparate. O sea, la gente acudió de manea masiva (los veraneantes, por el boca a boca) a ver esa película. Fíjate qué mazocas somos, amigo, los humanos.

Total, para pasar miedo, porque hubo gente que pasó auténtico pavor, y la palabra «tiburón», la alerta «tiburón» en las playas cobró un significado realmente apabullante y aterrador de verdad en años venideros, y yo creo que hasta nuestros días. Si alguien dice la palabra «tiburón» en el agua, algo básico, distintivo en tu cerebelo reptiliano, seguro que va a decir «Dios, sal por patas del virgen«.

– Pedro Aniorte: «Gritas «barracuda» y no pasa nada, gritas «tiburón» y se crea el caos».

– Iñaki Tovar: Ahí está, ahí está. Yo tengo alguna anécdota, amigo, para comentarte, que sabes que a mí me gusta rebuscar en esa escena tan maravillosa que estábamos comentando de esa noche en el barco los tres, en el maravilloso Orca, que, por cierto, no se llama «Orca» por casualidad.


– Pedro Aniorte: No, sé que no. O sea, está claro que Orca está elegida a propósito porque «Orca», al fin y al cabo, su máximo propósito es dar fin a ese tiburón que está asolando a las playas de Amity Island. Entonces, ese nombre está colocado ahí porque la Orca es el enemigo número uno natural del tiburón. Por tanto, bueno, pues ahí hay esa similitud y, bueno, le dan ese énfasis al nombre de la palabra y a ese animal, como que la orca va por el tiburón.


– Iñaki Tovar: Fíjate, ya te adelanto amigo en primicia, a ti y a todos los pecadores y pecadoras que en el próximo especial que hagamos de terrores marinos se me ha quedado fuera «Orca, la ballena asesina» que es una gran película del inefable Richard Harris, que es realmente pavorosa. Pero bueno, hoy hemos intentado mantener todo aquí en este monográfico para los tiburones; pero eso sin duda vendrá, Pedro, porque creo que merece una mención aparte todo el universo de orca como ese depredador asesino, incluso más que el tiburón blanco. Puede ser una pesadilla.


– Pedro Aniorte: Pues mira, Iñaki, yo recuerdo perfectamente, cuando estábamos un poco preparando este monográfico y este especial, que me mencionaste que querías traer al especial la película «Orca». Yo recuerdo que lo primero que me vino a la mente fue una imagen de esa película del ojo de esa orca viendo un muelle en llamas con un espíritu vengador total, y dije «qué bien traída, Iñaki, me va a encantar la revisión que vas a hacer de la película«.


Bueno, ha quedado fuera, no pasa nada, seguro que en un futuro la podemos retomar y va a ser maravillosa, porque sinceramente son de esas películas que también quedan grabadas, aunque no sean tiburones en este caso.


– Iñaki Tovar: Totalmente. Pues, te comentaba esa estampa de la Orca surcando la noche con los tres marineros, amigos improvisados, a bordo. De repente, no sé si lo recuerdas, pero hay un plano panorámico del barco surcando las aguas y de repente en el cielo estrellado se ve caer una estrella fugaz.


– Pedro Aniorte: No lo recordaba.


– Iñaki Tovar: Quizás parpadeaste en ese momento o qué estabas mirando. Yo sí que me di cuenta y dije «ostra«. Es más, se lo dije a Rut, a mi mujer, «ostras, miran una estrella fugaz«, y pensaba totalmente que había sido post-producción, porque es que era demasiado brutal como se veía en pantalla. Pues no, es que justo en ese plano cayó una estrella fugaz sobre el barco, aportando un detalle más de calidad (si cabe) a ese plano.


– Pedro Aniorte: Steven Spielberg tenía ahí los astros a su favor, ¿verdad?


– Iñaki Tovar: Totalmente, esa es la suerte del creativo, que se llama, de que sin comerlo y sin beberlo van encajando las piezas del puzle solas.


Hay una curiosidad de la Orca que es que, creo que te lo comentaba antes off the record, realmente todo eso tenía un mecanismo para hundirse y tal. De hecho, hay una escena de hundimiento bastante bien hecha y bastante bien currada. Pues, hubo un fallo y de repente se empezó a hundir el Orca de verdad. Imagínate, alrededor había 3 o 4 pateras del equipo de producción, de seguridad y todo eso. Entonces, Steven Spielberg cuando vio que se estaba hundiendo el barco sin estar previsto, empezó a gritar como un loco «venga, todo el mundo aquí por favor. Los actores primeros, salvad a los actores«.


En medio de ese pequeño caos que se formó, saltó el director de sonido con su nagra (es decir, con su cinta de grabar los sonidos, que era su tesoro) por encima de su cabeza diciendo «fuck the actors, que den por sanco a los actores. ¡Salvad las grabaciones, que no podemos volverlas a hacer!«. De hecho, se hundieron en el mar, y durante algunas horas las dieron por perdidas cuando cayeron.


Ostras, si es una cinta nagra al final es una solución salina, se puede rescatar. Las rescataron, las enviaros por vuelo adjunto a Nueva York y se rescató íntegramente ese contenido que luego, en la versión original (incluso en la subtitulada), nada más que en los sonidos de ambiente hemos podido disfrutar.

– Pedro Aniorte: No tenía absolutamente ni idea. Además, de esas nagras con cintas de bobina abierta, ¿verdad? No tenía ni idea de esa anécdota, me ha encantado escucharla.


– Iñaki Tovar: Pues déjame que te cierre, antes de que tú des el portazo final a la maravillosa «Tiburón», con una de esas serendimpias, amigo, que sabes que a mí me gusta comentar y que a veces raramente se encuentran, pero cuando se encuentran sorprenden mucho. Es que, seguro que si yo te menciono ahora al niño que muere en una de las escenas, en la segunda muerte de  «Tiburón», el niño de la colchoneta amarilla (que yo no sé tú, pero yo sinceramente no me esperaba su muerte; no me acordaba que muriese un niño de una manera tan gore).


– Pedro Aniorte: Tan gore. Ese charco de sangre.


– Iñaki Tovar: Sí. No se ve nada de gore, pero se ve el charco de sangre. Se ve la colchoneta mordida y dices «ostras, que acaban de comerse a un niño de verdad, pero a lo bruto«. Eso hoy en día los cánones de moralidad establecidos no permiten que se vean muertes violentas de niños en pantalla. Esto es así, en aquella época no, eso es así.


Pues bueno, te acordarás de ese niño, el nombre del actor o lo que sea (no me acuerdo) y te acordarás también de su madre (esa señora con gafas y con el pelo rizado, esa con la que tú de repente empatizas con ella de «madre mía, ¿dónde está mi hijo?, ¿dónde está mi hijo?«).

– Pedro Aniorte: Completamente enlutada esa mujer, cuando va a visitar al jefe Brody.


– Iñaki Tovar: Correcto, y le suelta un mamporro que se grabó 17 veces, amigo. Además, con el mamporro real, porque la mujer era incapaz de simular el mamporro. Así que, Brody dice, el actor (que fue Roy Scheider), que fue una de las escenas más dolorosas de su vida, porque realmente se llevó 18 tortazos de la señora. Pero no es esa la anécdota que te quería contar.


La anécdota es que esa señora, que se llamaba Alex Kintner la actriz, muchos años después de acabar la película (estamos hablando de 15 o 20 años después de esa película, señora ya en su senectud) se fue a un restaurante de mariscos en la costa estadounidense y en la carta de repente ve un sándwich que se llamaba «el sándwich Alex Kintner». Dice «ostras, esa soy yo«. Entonces, se lo comenta al camarero, el camarero va al chef y dice «oye, que aquí hay una señora que dice que ella es Alex Kintner la del sándwich » y sale el dueño del restaurante, ¿sabes quién era, amigo?


– Pedro Aniorte: No, sorpréndeme totalmente.


– Iñaki Tovar: Pues es el que hacía del hijo, en «Tiburón», de esa señora.


– Pedro Aniorte: No puedo creerlo.


– Iñaki Tovar: Era ahora el dueño de restaurante, y por eso era el homenaje a ese recuerdo que él tenía de esa película de su infancia de la que hizo de su madre, le haya puesto al sándwich el nombre de «Alex Kintner».


– Pedro Aniorte: Qué bonito, realmente me quedo un poco sin palabras, y tengo unas cuantas anécdotas más que contar, pero esta me ha parecido tan maravillosa que realmente quede a lo mejor en visillos lo que yo pueda contar después. Me parece de verdad, eso que tú contabas, una serendimpia impresionante.


– Iñaki Tovar: La magia del cine, amigo. Esta sección es tuya, así que remátala como quieras y vamos a despedirla con todos los honores que se merece.


– Pedro Aniorte: Pues, mira, Iñaki, quiero contar solamente tres anécdotas más, o cuatro anécdotas más.


Como tú bien has dicho, fue la primera película en superar los 100 millones de dólares en recaudación. Su presupuesto pasó, para rodarla, de 4 a 12 millones de dólares, y el tiempo de rodaje de 55 a 159 días. Pero en la primera semana todo ese esfuerzo económico casi lo saldó y, ya te digo, 100 millones de dólares, fue la primera película que los sobrepasó. Fue, como tú has dicho, el primer taquillazo de verano.


Os voy a hacer mención de dos cositas más solamente. Hemos hablado de ese trio mágico en el Orca por la noche que están, en este caso, compartiendo esa mesa tras cenar y, bueno, están un poco más relajados con los efectos del alcohol. Está claro que esa imagen entre el cazador de tiburones y el científico ahí está un poquito, es una tensión un poco más relajada; pero en la parte en la que se enfrentan de verdad al escualo se ve realmente la tensión de un hombre rudo que quiere acabar con él y luego esa mente más científica de Hooper que al final chocan.


Pues esos choques y esa tensión que se vive en la película, esa tensión, fue real entre Richard Dreyfuss (que es Matt Hooper, el científico) y Robert Shaw (que es el cazador Quint). Era real porque Quint, Shaw en este caso (el actor), tenía graves problemas con el alcohol. De hecho, le llegó a pedir una segunda oportunidad a Spielberg tras no poder llegar a grabar el monólogo que acabamos de escuchar del USS Indianápolis, porque arrastraba las palabras debido a su estado.


– Iñaki Tovar: De embriaguez, ¿no? tenía problemas alcohólicos.


– Pedro Aniorte: Le pide una segunda oportunidad a Spielberg y al día siguiente llega, en este caso, Robert Shaw, y se marca lo que es el monólogo en una sola toma, metiendo incluso cosas personales, dejando al personal maravillado, a todo el personal de rodaje. Ahí es donde se ganó todas esas credenciales para continuar con la película y para ser uno de los pilares fundamentales de «Tiburón».


Además, esta película también licitó muchísimo a los personajes, y en este caso a los actores, para que improvisaran, para que metieran muchas cosas de cosecha propia. De hecho, una de las frases más importantes de la peli y que probablemente tengamos en mente que es «vamos a necesitar un barco más grande» que lo dice el jefe Brody justo después de haber estado echando carnada al mar y sale esa tremenda cabeza de tiburón y se queda impresionado, eso es una improvisación total. Al final, son cosas que quedan dentro del metraje final porque le encanta al director o a los productores y quedan anclados en la película.


Por último, la última anécdota que quiero contar de esta película (ya no son hechos reales; pero bueno, estamos aquí en plan tertulia también, ¿verdad? Solo nos falta un café encima de la mesa). Quería deciros a todos, amigos, que esta fue la primera película en la que Spielberg no rodó la escena final, en este caso porque pensaba que el equipo lo iba a tirar al agua tras un rodaje que había sido infernal. Pues, desde mismo momento, se ha convertido en una tradición para el director y nunca está presente en el último día de rodaje.


– Iñaki Tovar: Fíjate, qué curiosidad más buena, las supersticiones que los propios directores se van labrando ellos mismos. Pues, oye, Pedro, absolutamente brutal la sección de hoy, especialmente «Tiburón», que yo creo que todos la tenemos en un lugarcito en el corazón. Es verdad que intentamos huir de spoilers, aunque es inevitable. Damos por supuesto siempre en este programa que habéis visto las pelis y lo que intentamos es que las rescatéis o las veáis de nuevo.


Hoy, desde luego, tienes muchas recomendaciones basadas en hechos reales para disfrutar. Así que no dejéis pasar la oportunidad porque aquí no se recomienda nada en balde.


Pedro, muchísimas gracias por tu currada, por tu documentación exhaustiva y por tu saber hacer al micro que es un placer y que en la nueva temporada que empezaremos (la segunda temporada) a partir de la segunda semana de septiembre espero seguir contando contigo y que traigas estas rarezas y estas exquisiteces a los pecadores que escuchan.


– Pedro Aniorte: Mira que ha sido, de verdad, un verdadero placer. Sobre todo hoy, porque se ha tocado uno de los temas con los que más disfruto. Voy a estar ahí en esa segunda temporada y, bueno, veremos lo que nos depara el futuro, pero seguro que nos vamos a seguir escuchando.


– Iñaki Tovar: Seguro que sí. Pecadores y pecadoras, continuamos con el podcast. Pedro, un abrazo y hasta el siguiente programa. Chao.


– Pedro Aniorte: Hasta el siguiente, Iñaki.


[Finaliza la sección de Pecados Digitales Basados en Hechos Reales]

[Voz de mujer] Pecados Digitales Basados en Hechos Reales. Descubre con Pedro Aniorte cómo la realidad supera a la ficción.

[Suena tráiler de serie]

En el siglo XXI, el hombre ha colonizado la única región de la tierra que quedaba por habitar: el océano. Mi tripulación y yo, a bordo del SeaQuest, somos sus guardianes porque bajo la superficie se encuentra el futuro.


SeaQuest, los vigilantes del fondo del mar.


Bueno, qué temazo, qué intro más épica al más puro estilo de Star Trek, pero en este caso nos vamos de las estrellas al fondo del océano, que es de lo que va el podcast de hoy: la serie, si no la habéis adivinado ya por el título, era efectivamente SeaQuest y nos dio muchas tardes disfrutables cuando éramos enanos.


Entre 1993 y 1996 en cualquier España se estuvo reponiendo con esa alegría a la hora de saltar e intercambiar episodios que nos caracterizan. Pero bueno, la pudimos disfrutar como enano, por lo menos los de mi generación. Desde luego, nos marcó durante mucho tiempo.


El tema musical que estábamos escuchando de la intro, tan brutal y tan memorable, incluso fue nominado a los premios Emmy en el año 2000 y figura como el tema número 48 mejor de todos los tiempos, esa fanfarria tan épica.


La serie estaba producida por Steven Spielberg, aunque hay que decir la verdad, que no se implicó mucho y fue una de las cosas, que como veréis ahora a continuación, le deparó mal futuro a la hora de ser continuada.


El prota era nuestro querido Roy Scheider, el jefe Brody de «Tiburón» del cual ya hemos hablado largo y tendido en la sección de Basado en hechos reales. Aquí, la verdad es que el papel le venía al pelo y hace de ese capitán carismático.

El argumento pues es un poco apocalíptico. 2018, después de haber agotado todos los recursos del planeta por la mala gestión que siempre hacemos los seres humanos, pues se forma la Organización de Océanos Unidos y se destina a este submarino de súper alta tecnología (que, ya os digo, parece una nave espacial debajo del agua). Se manda a proteger esos escasos recursos que quedan en el océano, de otras naciones hostiles no alineadas.

A partir de allí, tendremos un montón de aventuras a lo largo de las tres temporadas que finalmente duró la serie. Tres temporadas de las buenas, de las de antes, de las largas, de 20 y pico episodios o más y episodios largos.

Para cualquier amante de la ciencia ficción, obviamente vería reminiscencias aquí de 20 mil leguas de viaje submarino y de otro montón de cosas. La serie empezó teniendo un toque muy realista, incluso un poco desolador y devastador, porque era un futuro probable, nos podíamos sentir identificados ciertamente con él. Lo que paso que, a efectos de audiencia que la verdad es que, aunque ha tenido muchos fans la serie a lo largo de los años (además, los fans nos llamamos «questis», igual que los fans de Star Trek son «trekies»: SeaQuest tenía sus propios fans, que se llamaba «Questis».

Pues eso, como os decía, en aras de conseguir mejores audiencias, pues la serie fue derivando de ese argumento tan realista inicial, pues a meterle ya elementos de fantasía, de alienígenas, de civilizaciones perdidas. Incluso, hay un episodio que llega a salir el dios Neptuno por ahí. Un poco también intentando seguir la estela de Star Trek.

Por cierto, el maravilloso capitán Kirk de  Star Trek de la serie original, William Shatner, también tiene aquí un cameo bastante bueno, donde le hacen un buen homenaje utilizando cosas que solo un verdadero trekie podría reconocer (como el identificativo de su placa con las iniciales de su nombre, o el número de serie de la nave de Star Trek.

Bueno, muchos detalles de calidad de ciencia ficción, pero muchos altibajos a nivel argumental, a nivel de organización, a nivel  de discrepancias. El propio actor Roy Scheider cuando vio en qué se estaba convirtiendo la serie quiso romper el contrato y aun así la NBC le obligó a tener que participar en tres episodios en la última temporada, aunque él ya no quería.

En fin, personajes memorables y momentos memorables, incluido este homenaje a la canción típica de los marineros «What Shall We Do with a Drunken Sailor?» que os dejo aquí, en un episodio en el que estaban en una misión de rescate de unos niños y en medio de los preparativos pues uno de los protagonistas (el segundo a borde del SeaQuest) empieza a entonar este maravilloso himno marinero que creo que viene al pelo para el programa de hoy.

[Suena canción]

Bueno, pues ahí ese tema brabucón y luminoso tan recurrente y usado por los marineros para surcar los mares, y en este caso para surcar los fondos marinos a bordo del SeaQuest. Un tema, además, que ha sido usado en multitud de pelis y videojuegos, por ejemplo, en la saga Assassin’s Creed (de ahí se lo conoce mi mujer Rut muy bien, y por eso se lo dedico a ella este tema de «What Shall We Do with a Drunken Sailor?»).


Pero bueno, finalizamos esta recomendación simplemente recordando a aquellos personajes tan entrañables que tenía a bordo la tripulación, como por ejemplo el Delfín Darwin, que seguro que más de uno se acordará, con ese dispositivo de ciencia ficción que llevaba instalado y que nos permitía escucharlo hablar, Ya os digo que era una delicia sumergirte en cada episodio, cuando eras más joven y no te preocupaba la linealidad del argumento y simplemente disfrutabas cada capítulo como una historia individual y fuera.


Además, como último detalle o curiosidad, os dejo el hecho de que los efectos especiales de esta serie estaban realizados con un Commodore Amiga y el programa Lifeway 3D. Esto me ha sorprendido a mí, cuando he investigado un poquito sobre temas de la serie para contaros a vosotros ahora. Porque fue mi primer ordenador, un Commodore Amiga 500, que es verdad que era la caña a la hora de generar y de reproducir videojuegos, y sé que en la industria audiovisual se ha usado bastante, sobre todo para generar música, sintetizadores. Era realmente portentoso.

Qué espectacular que los efectos especiales los hiciese un ordenador como el mío en aquella época. O sea, alucinante. Me quedo «esta oda va por ti, Commodore Amiga«.

En fin, a ver si podéis conseguir la serie por circuitos oficiales o no oficiales, porque realmente la distribuidora ha sido muy tacaña a la hora de sacar ediciones en DVD. Si podéis, luego vais a rememorar buenos recuerdos y, los que no la conocíais, pues a disfrutar de una aventuras oceánicas que están muy guays.

[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

Bueno, llega el momento de vosotros, de los pecadores digitales invitados. Ya sabéis que este podcast tiene un confesionario con las puertas bien abiertas para aquellos valientes de vosotros que os atrevéis a acercaros y a confesar vuestros pecados digitales conmigo.


En este caso viene un gran amigo de la infancia, él es Santiago Jarabo. Es ingeniero, trabaja en una empresa con satélites y temas aeroespaciales, imaginaos qué emocionante tener un amigo como Santi que, además, es de los primeros que me influenció en mi tierna adolescencia, en la playa también (esa playa emblemática de «la Mata» que siempre os comento, donde he pasado tantos veranos y tan productivos). 

Pues bueno, Santi Jarabo fue el que me introdujo en algunos conceptos de ciencia ficción que me han marcado para siempre, como bien sabéis vosotros que escucháis este podcast. Por ejemplo, con Santi descubrí en su casa la primera computadora, los primeros programas, los primeros mini juegos que tenía Santi en el ordenador, incluido un programa de una especie de inteligencia artificial absurdamente básica. Pero claro que para mí era la caña, porque básicamente introducíamos en un algoritmo palabras y, entonces, con esas palabras intentaba componer versos (no sé, Santi, si te acordarás escuchando esto).

Yo me acuerdo de retazos de frases y que nos reíamos un montón luego escuchando los resultados en plan «el hombre paseaba por la escupida acera«, cosas así rocambolescas que la verdad molaban mucho, pero que sobre todo a mí me asombraron mucho de pequeño y me introdujeron en ese mundo de la informática y, por qué no decir, de la inteligencia artificial.

Aparte, con Santi también buscábamos misterios por la noche, igual que con mi padre, ovnis. Y, como él os comentará ahora, también disfrutábamos de esas sesiones nocturnas de cine de verano, donde tanta peli buena y de serie de los años 80 y 90 hemos disfrutado todos.

Así que, Santi, muchísimas gracias por tomarte el tiempo de preparar tu confesión. Aquí te dejo con los pecadores digitales.

[Habla Santiago Jarabo]

Hola, pecadores, me llamo Santi, y es un honor y placer participar en este programa de mi amigo Iñaki, al que conozco mucho antes de que tuviéramos bigote o barba, en esas añoradas y largas vacaciones escolares que pasábamos en la Mata, entre la playa, las dunas y los cines de verano. Cuántos echan de menos esos cines de verano.

Pero bueno, vamos a mi confesión. Lo confieso, hasta el 2001 fui un Jedi; pero fue a partir del 2001, cuando descubrí a través del señor Peter Jackson un pecado mayor: el universo de Tolkien, «El Señor de los Anillos» y toda su mitología. Porque, aunque parezca increíble, me pasé infancia y adolescencia sin conocer ni «El hobbit» ni «El Señor de los Anillos». Me lo recomendaba y había leído algunos datos fantásticos, pero salvo alguna excepción honrosa como «La Historia Interminable» no me terminaban de enganchar este tipo de relatos.


Fue al apagarse la luz en el cine y encenderse la pantalla cuando comenzó mi viaje a la tierra media.


¿Y qué puedo deciros de la película que no sepáis ya? Si es que ya la has visto, claro. Esa banda sonora épica de Howard Shore que fue analizada en YouTube por Jaime Altozano (os recomiendo mucho ese video). Esa espectacular fotografía y edición artística, que se basaba en las ilustraciones que ya venían en los libros de Tolkien, de  Alan Lee y John Howe, y basada también en la naturaleza grandiosa de Nueva Zelanda, donde fue rodada.


Y no olvidar a los actores, que se encarnaron completamente en sus personajes, y ahora es difícil ver a Viggo Mortensen o a Elijah Wood sin pensar en Aragón y Frodo. Desde luego, para mí, me parece la mejor versión de libro que se haya hecho.


Pero bueno, lo importante es que el reconocimiento lo recibieron en el 2003 con esos 11 Oscar, entre ellos el de mejor película y mejor director. Creo que fue un buen broche a tan buena trilogía.


¿Pero qué es lo que me enganchó? ¿Qué es lo que me fascinó? Sin duda, la historia. La solidez de la mitología construida durante décadas en la mente de Tolkien, esa capacidad de crear una base cultural casi histórica a su relato, por medio de las diferentes lenguas, culturas, canciones, genealogías, los pueblos que habitaban la tierra media. Solo hay que ver «El Silmarillion» y toda la serie de enciclopedias que hay sobre la tierra media.

Todo parece tan real, tan coherente, tan sólido, tan palpable. Quizás porque para Tolkien, como para su amigo C.S Lewis, los mitos no eran una forma de escaparse de la realidad, sino más bien eran una forma de reflejar precisamente  la realidad, la verdad, comunicarla de una forma más bella, más literaria; pero, al fin y al cabo, reflejar la realidad.

¿Y cuál es esa realidad que reflejan las películas y que tanto engancha? Pues, que la vida es una guerra continua, que es una guerra entre un bien creador y un mal parásito, destructor, corruptor que al final, como decía Wiston Churchill,  «el éxito no es definitivo ni el fracaso es el final, lo que importa es el coraje para continuar». De ahí, como decía Gandalf,  «cada cual tiene que decidir qué hacer con el tiempo que se le ha dado«.

Por eso, cada acción en la historia tiene consecuencias. De ahí tenemos dos opciones. Por ejemplo, la de Saruman plegándose a Sauron, intentando compartir su poder; o la de Gandalf dando su vida por sus amigos en el puente Khazad-dúm, o de Boromir. De ahí que el amor y la amistad, si no están con la voluntad, con el sacrificio, la entrega y siempre con una visión esperanzada de que por encima de todas las sombras, como dice Sam en un momento, cabalga el sol y eternamente moran las estrellas.

De ahí el sol que es casi un personaje más en la saga porque aparece justo en los momentos más críticos, Uno de los más espectaculares es, por ejemplo, al final de la película de «Las Dos Torres» cuando justo con los primeros rayos del amanecer carga Gandalf el Blanco con todas las huestes de Rohan. Porque ese es uno de los mensajes en el meollo de esta mitología: que el mal no prevalecerá, será el bien el que gane. Justo en estos momentos de pandemia, es un mensaje que resulta bastante edificante.

Para terminar y despedirme, dejaros un trozo de ese magnífico diálogo de Pepe Mediavilla (como Gandalf) con Galadriel, en «El Hobbit», que representa esa exaltación de la gente corriente que es capaz de hacer grandes cosas.

[Suena diálogo de película]

– ¿Por qué mediano?

– No lo sé. Saruman opina que solo un gran poder puede contener el mal, pero eso no es lo que yo he aprendido. He aprendido que son los detalles cotidianos, los gestos de la gente corriente, los que mantienen al mal a raya. Los actos sencillos de amor. ¿Por qué Bilbo Bolsón? Tal vez porque tengo miedo… y él me infunde coraje.

Y eso es todo. Ha sido un placer contaros lo que me parece de «El Señor de los Anillos», y espero que lo disfrutéis al menos un poquito como yo. Muchas gracias, Iñaki.

[Voz de mujer] Tú también puedes ser un pecador digital. Sigue el #pecadoresdigitales y mándanos tus confesiones a través de la cuenta de Twitter @seomental, de la web seomental.com o de la plataforma de podcasting que prefieras: Ivoox, Spotify, ITunes. Donde quieras, pecamos. Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.


[Suena intro de videojuego]

Un hombre puede elegir. Yo elegí lo imposible. Construí una ciudad donde el artista no tenía que temer al censor; donde los grandes no estaban constreñidos por los pequeños; donde el científico no estaba limitado por la nimia moral. ¡Yo elegí construir Rapture! Pero mi ciudad fue traicionada por los débiles. Así que te pregunto, amigo mío, si tu vida fuera el premio, ¿matarías a los inocentes? ¿Sacrificarías tu humanidad? Todos hacemos elecciones; pero, al final, nuestras elecciones son las que nos hacen a nosotros. 


Esta intro que habéis escuchado corresponde al videojuego de «Bioshock», del estudio 2K e Irrational Games, y fue estrenado el 21 de agosto de 2007, en pleno veranito para cambiarnos la vida también a muchos jugadores.

«Bioschock» está grabado a fuego en la mente de todos aquellos que hemos tenido oportunidad de disfrutarlo, no solo esta primera parte (que, sin duda, para mí es la mejor), pero la dos secuelas que vinieron después la verdad es que tampoco tienen desperdicio. Está basado en una ucronía emplazada en 1960.


Tú eres Jack, el protagonista, que vas viajando en avión sobre el océano, sufres un accidente y caes milagrosamente cerca de lo que parece ser una especie de faro abandonado. Y cuando te adentras en él te das cuenta de que en realidad es la puerta a Rapture, a toda una ciudad sumergida, una distopía brutal creada por Andrew Ryan (que era el narrador, el creador de esta distopía). Es un millonario excéntrico que cree que todos tenemos derecho a ser la mejor versión de nosotros mismos, eliminando cualquier tipo (como estabais oyendo) de censura o de limitación.


¿Qué hace para completar su sueño, aparte de construir esta maravillosa y asombrosa ciudad burbuja abajo del mar, alimentada por las fuentes geotérmicas de un volcán? Pues desarrollar, junto a la doctora Tenenbaum, uno de los protas de este juego, que es el producto ADAM.


[Suena monólogo de videojuego]

Por cada elección hay un eco, con cada acto cambiamos el mundo. Un hombre eligió una ciudad sin ley ni dioses; pero otros eligieron la corrupción. Así, la ciudad cayó. Si el mundo renaciera a tu imagen, ¿sería el paraíso o la perdición?


Pues sí, el ADAM, ese producto que, como estabais oyendo, desató la locura, la revuelta y la destrucción (o cuasi-destrucción) de esta ciudad idílica de Rapture. Este producto ADAM era producto de la modificación genética de las células madre de unas babosas de ahí, marinas, que descubrieron que tenían la capacidad de modificar el genoma humano y de darle poderes al ser humano a través de lo que se llamaría en el juego «los plásmidos».


Así, el juego se convierto no solo en un FPS (en un juego en primera persona), sino que tiene elementos de rol, elementos de survival horror y también, por qué no decirlo, de biopan, con una estética totalmente retro, barroca, chulísima, con un protagonismo increíble del agua, estando muy presente con el motor gráfico que usaban (un real engine 3 mejorado totalmente, en esteroides) para crear unos efectos acuáticos increíbles que te hacían creer todo el rato que la ciudad estaba bajo presión, con algunas escenas de inundación dentro de algunos túneles, y el agua persiguiéndote y teniendo que estancarla, cerrando compuertas detrás de ti. Realmente muy bien hecho, muy bien inspirado todo.


Bueno, como os decía, cuando introduces un elemento tipo droga en esa ciudad tan idílica y encima lo mezclas con restricciones religiosas, el nacimiento de mafias y de sectas religiosas a pesar de estar prohibida la religión, pues tenemos eso: la rebelión de Atlas, como viene a llamarse en el juego, y la caída de Andrew Ryan.


Esto da también como subproducto el nacimiento de los splicers, que son esos seres, esas especies de jonkies del ADAM que van modificados corporalmente con ganchos y con grafios para matar a los incautos que se encuentran sobreviviendo como pueden por la ciudad, para extraerles ese ADAM.


Bueno, el juego es una gozada. No os voy a destripar más cosas del argumento, simplemente que una versión remasterizada del juego de BioShock, con los gráficos mejorados y adaptados al día de hoy, y mención especial para esos dos personajes tan emblemáticos del juego, como son Little Sisters y los Big Daddys.


Las Little Sisters son esos seres que utilizaban los científicos de Rapture. «Seres», no son seres, eran niñas realmente huérfanas que raptaban y las utilizaban para criar estas babosas para generar el ADAM: Luego, a su vez, las utilizaban de recolectoras de ADAM cuando llega la crisis y empieza a escasear este producto tan codiciado. Las utilizan como recolectoras, con una figura terrible de esas niñas con esas agujas extractoras gigantes, van recolectando cadáveres por toda la ciudad para extraerles el ADAM, tragárselo y procesarlo para devolverlo a la central. 


Además, van acompañadas por ese llamado «Big Daddy», que eran una especie de guardaespaldas biomecánicos aterradores y a los cuales se tendrá que enfrentar de nuevo durante el juego, y también tomar tu decisión, porque este juego va de decisiones. Tiene tres finales distintos en función de cómo te comportes en esta aventura acuática, oscura y de supervivencia.


Irás descubriendo toda la trama a través de audios, con esa figura tan recurrente tanto en juegos, escuchando audios de gente que estaba ahí antes que tú y un poco irás descubriendo qué les pasó a ellos.

Así que, nada, inspirado en el System Shock 2que es como el survival horror de predilección de muchos de nosotros. Aquí quedó esta joyita de 2007 que os invito a redescubrir: BioShock.


[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

Bueno, vamos emergiendo poco a poco de esta inmersión tan prolongada, tan claustrofóbica. Lo hacemos con la sección de herramientas digitales.

Ya sabéis que me gusta recomendaros herramientas con las que trabajo en mi día en marketing digital en la agencia Webpositer, y que creo que pueden ser útiles a aquellos de vosotros que os guste esto del marketing online.

La que os traigo hoy se llama (atención al nombre) Responsinator. No me digáis que no mola el nombre, «Responsinator». De hecho, la web donde la vais a encontrar es responsinator.com.

¿Y para qué sirve esta herramienta? Bueno, si estáis mínimamente familiarizados con esto, sabréis que hay una norma estándar de diseño hoy en día, en diseño web, que es que la página debe ser responsive. Es decir, responsivas. Es decir, que se adapten a cualquier tipo de dispositivo, ya sea móvil, tableta u ordenador, que se vea siempre en las mejores condiciones.

De hecho, es algo que Google nos está prácticamente obligando, con sus actualizaciones y recomendaciones siempre nos viene a decir que por favor primemos la experiencia del usuario en este tipo de dispositivos móviles. De hecho, el propio Google, ha mejorado sus algoritmos con uno que se llama MobileFirst y que viene a hacer esto: a premiar o a dar prioridad a aquellos sitios web que ofrecen una mejor experiencia en dispositivos móviles.

Entonces, con Responsinator lo que vas a hacer es simplemente introducir la dirección de tu web y esta web, responsinator.com, te va a simular cómo se ve tu web en múltiples dispositivos al mismo tiempo. Algo que, de otra manera, tendrías que coger literalmente el IPhone de tu mujer, tu Android, la tableta de los chiquitos, el ordenador de casa y empezar a hacer pruebas de cómo se ve en cada sitio, para asegurarte de que se ve de la mejor manera posible.

Pues esto, que obviamente a nivel profesional se hace así en bancadas con múltiples dispositivos, hoy en día hay softwares o recursos como esto que, si bien no es perfecto, sí que te da una idea muy buena de cómo se ve tu web en diferentes dispositivos y te ayuda a identificar esos posibles problemas que pueda tener. Por ejemplo, que los botones no se vean bien, que el mensaje de las cookies tape y no te interesa que tape, o directamente que el botón de «comprar» (si tienes una tienda online) no aparezca como debe o no se pueda clickear. Con responsinator.com te vas a dar cuenta de este tipo de detalles para ayudarte a mejorar esa experiencia responsive.


Así que, ya lo sabes, responsinator.com.


[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

Y llegamos a la última sección del programa de hoy, de este especial de verano de agosto, con el profesional digital recomendado. Hoy tengo, como siempre que os recomiendo, a alguien realmente especial para mí por múltiples razones. Ella es Rocío García Algora.

A Rocío la empecé a conocer como alumna de la primera edición de nuestro master SEO, del master SEO de Webpositer Academy y automáticamente me di cuenta de que era alguien especial. No solo porque su desempeño como alumna en el master fue de quitarse el sombrero (de hecho, siempre la pongo de ejemplo como alumna modelo de cómo hacer bien las cosas).

Luego, hemos tenido la oportunidad de colaborar en otros proyectos, de compartir experiencias en eventos del sector (el nedworking que se hace en este sector es brutal). Ahí, pues hemos pasado de tener una relación de profesor-alumna a ser ya una amiga más de la casa mía, de mi mujer, de nuestros animaluchos (que es algo por lo que compartimos pasión, como os va comentar ella ahora).

En fin, ella es consultora de SEO y marca personal. Si la seguís en redes sociales, vais a flipar. Aquí en la descripción del podcast os dejo el enlace a su sitio web, para que echéis un vistazo a todo lo que hace Rocío y cómo ayuda a la gente. Realmente, si tienes la oportunidad de ponerla en tu vida profesional de alguna manera, no te vas  arrepentir.

Así que, Rocío, muchísimas gracias por participar en este podcast que ahora es tuyo. Te paso el testigo.

[Habla Rocío García Algora]

Marzo 2017, y yo entonces sabía que quería mucho más de SEO. Lo había conocido de refilón por una clase magistral que tuve de Luis Villanueva, y dije «yo quiero saber más de esto«. Entonces, justo aparece la primera edición del master de SEO de Webpositer. Corro, vamos a por ello.

Tenía que cualificar. Había una entrevista para poder entrar en el master. Recuerdo perfectamente aquel día. Justo me dejé las llaves en casa, había bajado con Coco para su paseo y tenía la entrevista con Iñaki. Bueno, pues no podía subir. Me tocó llamarle «Iñaki, no voy a estar en la entrevista, voy a llegar tarde, me ha pasado esto«. Iñaki se rió, «no pasa nada, Ro, ya nos vemos» y ya desde ese momento dije «guao, qué tío, cómo mola, la respuesta, la entonación, todo«.

Luego, en la entrevista que tuve con él supe que Iñaki es una de esas personas que mola mucho tener en tu vida.

Tres años después, yo la edición del primer master (pues, imaginaos, 2017, como ya os he comentado) más que finalizada; pero, por supuesto, Iñaki sigue en mi vida.

¿Una pasión personal que tengo? Aparte de conectar con gente así, con personas así de este corazón, me encantan los animales. Me encantan. La naturaleza lo mismo. Conecto muchísimo, me despierta una energía muy especial. Yo también les gusto a ellos. De repente, muy rápidamente me convierto en su más mejor amiga. Deben oler algo, deben sentir algo, deben conectar también con la energía animal que tengo yo; pero bueno, la cosa es que tenemos una conexión brutal, y dejad que los animales se acerquen a mí, por favor.

En cuanto a pasión profesional, bueno, pues diré que soy una adicta a las master mind. No había hecho una master mind hasta este año 2020, y me pregunto por qué no lo he hecho antes. Madre mía, esto de la inteligencia colectiva me pone, me pone mucho y me he convertido en una obsesionada (más que apasionada, en una obsesionada). Porque es tanto el valor que atesoramos, no nos damos cuenta, y cuando lo ponemos encima de una mesa en una master mind, lo que sale de ahí es oro puro. Por la tanto, pasión profesional master mind, sí, por favor.

Ahora, pues quiero contaros así, entre nosotros, tres pecados digitales.

Un cuento de horror que me marcó es el de Edgar Allan Poe, «El Entierro Prematuro». A lo largo de mi vida he llegado a aplicar a circunstancias, a situaciones. Es que hay muchas personas que viven encorsetados en trabajos que no le gustan, que viven con relaciones que nos les dan felicidad, que viven o que han sido enterrados prematuramente. Y una de las cosas que yo no quiero para nada en mi vida es justamente estar bajo tierra en vida.

Otro pecado digital es una película. Es «Bird», de Clint Eastwood, que me gustó mucho. Se ve cómo ni el talento ni ser el mejor en lo que hagas, si falta el equilibrio en tu vida, estás jodido, estás jodida. 


Luego, me quería despedir de este gran podcast de mi querido amigo Iñaki con una canción que a mí me flipa, que me pongo en volumen alto para ponerme las pilas. También conecta mucho conmigo misma, me lleva incluso a hacer un ejercicio de introspección, y es «Speak of the Devil» del grupo de Black Pistol Fire. Si no la conocéis, dadle volumen, dadle caña y a disfrutar de este pedazo de canción.


Mil gracias, Iñaki, por permitirme ser una pecadora digital.


[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales, con Iñaki Tovar.

Bueno, ahora sí que podéis empezar a hacer la descompresión, taparos la nariz, soplad fuerte, ¿notáis cómo se destaponan los oídos? Madre mía, menuda inmersión. Menuda inmersión, menudo podcast nos ha salido hoy. Este especial de verano, más de dos horas y media.

Eso es lo que duran las pelis buenas, así que espero que hayamos estado a la altura de tus expectativas y que haya merecido la pena el tiempo que has invertido en escuchar este podcast, estos  que ya sabes que son tus 7 pecados digitales, no solo los míos.

Creo que la sección de «Pecados Basados en Hechos Reales» Ha estado genial. Como ya os dije, nos va acompañar a lo largo de la siguiente temporada, que va a ser la segunda, que empezaremos, Dios mediante, a mitad de septiembre. Seguramente sobre mi cumpleaños. Segunda semana de septiembre empezaremos con la segunda temporada y espero, por supuesto, que estés ahí.

Aparte, estaremos en fase de votaciones ya para los premios Ivoox. Así que, por favor, busca el enlace en la descripción y a ver si nos ayudas a conseguir ese premio que nos haría mucha ilusión, por todos vosotros que estáis participando en este podcast desde el principio, tener ese reconocimiento de Ivoox que sabéis que es una de las mayores plataformas de podcast en español.


Aunque nosotros no solo estamos ahí, también sabes que nos tienes en ITunes, en Spotify. Donde te dé la gana y nos quieras buscar, ahí estamos para pecar contigo.


Tenemos muchas ganas de empezar la segunda temporada, y para ello estamos deseando tener vuestro feedback. Así que, por favor no dejéis tanto de suscribiros como dejar «me gusta», dejar ese voto en Ivoox y, por favor, por supuesto, dejar vuestros pecados digitales, dejar vuestras sugerencias. Aquí os vamos a hacer caso para ir implementando todo y que Los 7 Pecados sea poco a poco tu podcast  de cabecera dominical, que es lo que esperamos que estés haciendo: escucharlo mientras duermes la siesta para que, cuando te despiertes, ya sepas qué ver.


Nos vemos en septiembre, pecadores


[Voz de mujer] Los 7 Pecados Digitales es tu podcast semanal con recomendaciones frikulturales y de marketing digital. Cada domingo, a la sagrada hora de la santa siesta, descubre un libro, una peli, una serie, un videojuego, un tema musical, una herramienta de marketing online y un profesional digital. Suscríbete y peca con nosotros.

Presentado por
Iñaki Tovar

Creativo y Estratega Digital con ganas de darle un buen bocado al mundo. Emprendo en serie y en serio y estoy deseando escuchar tus ideas.

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